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A lo largo de la historia, la barba ha tenido distintos significados y connotaciones, cosa que no parece de lo más sorprendente. En momentos se le ha relacionado con las clases altas, el poder, la masculinidad y sabiduría, pero también con suciedad, pobreza y barbaridad.

En la actualidad, parece ser más una cuestión de gustos personales el tener barba o no, aunque eso depende del tipo de sociedad. No obstante, en ocasiones su relevancia alcanzó a ser tan grande, que incluso una barba se volvió un tema político entre Estados Unidos (EU) y Cuba.

Para la Agencia Central de Inteligencia, mejor conocida por sus siglas en inglés como CIA, la figura de Fidel Castro representó una amenaza para toda Latinoamérica. No por nada, la política estadounidense se caracterizó por promover golpes de Estado y dictaduras militares en ciertos países de la región. La adopción del comunismo por el régimen castrista y su relación con la Unión Soviética, tras la Revolución cubana, levantaron las alarmas en EU. Había que hacer algo con Castro.



Como muchos sabrán, la imagen visual que la población tiene del expresidente de Cuba es la del líder revolucionario con su icónica barba. Desde que comenzó a volverse una figura mundial, situación que lo llevó a aparecer en distintos medios, hasta su muerte en el 2016, a la cara de Castro nunca le faltó pelo sobre la barbilla, a excepción de fotografías previas a la Revolución cubana.

Tan icónica era que figuró en los archivos de la CIA y de hecho estuvo entre sus planes el quitarla del cubano.

De acuerdo con la evidencia, los agentes estadounidenses creían que si le quitaban este rasgo perdería su popularidad; una técnica conocida como ‘asesinato de la reputación’. Documentos desclasificados muestran que la idea era usar sal talio, un químico tóxico; pensaban que una dosis correcta provocaría la caída del pelo. Así, el plan era administrar una determinada cantidad de la materia en los zapatos de Castro, durante un viaje que realizaría fuera de Cuba.

Una vez que la piel entrara en contacto con el químico, la barba terminaría desapareciendo. La CIA establecía una relación entre el bello facial del revolucionario y su autoridad en la isla. De esa manera, si lograban su objetivo, destrozarían la imagen de Castro ante la población cubana. Tal viaje nunca se realizó, por lo que el plan no se pudo llevar a cabo. Fidel Castro pudo seguir luciendo barba hasta su muerte.


El mismo documento estableció que se usó talio en animales para comprobar su efectividad.

Este tipo de historias, aunque puedan sonar de lo más extraño, muestran la manera en que a veces elementos que podemos considerar tan insignificantes o banales, no siempre lo fueron así. El tiempo confiere y retira el cómo vemos las cosas. En ese sentido, una barba tuvo una mayor importancia que simplemente ser el bello facial de alguien o al menos así lo pensó la CIA. 

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Emerio Anaya
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