México es un país que destaca no solo por su riqueza cultural y gastronómica, sino también por sus distintos ecosistemas; desde las selvas tropicales del sur hasta los desiertos del norte, la geografía mexicana ha sobresalido en los escritos de exploradores, geógrafos y científicos tanto extranjeros como nacionales. No obstante, ante la crisis climática que se aproxima a nivel mundial, la relación entre la política y el medio ambiente obliga a la reflexión sobre ella.

En 1972 se realizó la cumbre de Estocolmo por las Naciones Unidas, donde por primera vez la conservación del entorno natural se instaló como un punto importante a nivel internacional, así como la seriedad del cambio climático. México, no alejado a tales temas, desde 1971 había expedido la Ley Federal para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental. Un elemento importante en dicha reglamentación era que por primera vez se definían los conceptos de contaminante y contaminación.



En 1982 entró en vigor la Ley Federal de Protección al Ambiente, la cual juntos con sus reformas en 1893 trajeron un enfoque más amplio en conservación y restauración ambiental. A partir de ahí se han expedido varias reformas y legislaciones de dichas cuestiones, así como la creación de órganos especializados, empezando por subsecretarías desde 1972 y posteriormente con la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca en 1994, la cual dio pasó en el año 2000 para la actual Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). 

Dando un salto al presente vemos proyectos como el tren Maya y la refinería Dos Bocas que han sido criticados desde distintos órganos internacionales y asociaciones civiles debido al peligro que le están ocasionando a los ecosistemas. Aunado a eso, la reciente aprobación de la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, que representa un fuerte golpe a las energías limpias y la controversia por la deforestación causada por programa “Sembrando vida”, reportada por Bloomberg News, han puesto en tela de juicio el compromiso del gobierno actual con el medio ambiente.



Lo anterior no debe ser tomado como un proceso aislado en relación con esta administración. Obedece más a una tradición de explotación hacia la naturaleza, no solo de los gobiernos mexicanos, pero también en el ámbito global. El reto está en lograr salir de dicho pensamiento. En términos políticos, legislativos e incluso discursivos se proyectan responsabilidades para la conservación del ecosistema en México, pero la realidad apunta a todo lo contrario. También parte de ese problema recae en que las medidas para combatir los daños al medio ambiente siguen siendo ineficientes, incompletas y carentes de una visión más profunda. 

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La cuestión ambiental en México no debe pasar por alto en la mente tanto de la población civil como de los funcionarios del gobierno. Ya se han advertido los efectos a futuro que causará la aceleración del calentamiento global en todo el mundo. 

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Emerio Anaya
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