Un sacerdote en Brasil armó una dinámica benéfica en su iglesia, con un objetivo claro: recaudar fondos. Todo iba normal, ambiente tranquilo, gente participando… hasta que llegó el momento de sacar al ganador.
La mecánica era sencilla pero llamativa: una caja llena de papeletas se lanzaba al aire, alguien atrapaba un papel y leía el nombre frente a todos. Transparente, directo… sin sospechas.
Hasta que salió el nombre, pero la sopresa vino para los presentes, pues no era cualquier nombre
¡Era el del propio sacerdote.!
Silencio incómodo, luego risitas, la sorpresa y uno que otro “no bueno”
¿Y cuál era el premio? pues como dceía Marco Antonio Regil ¡¡ UN AUTO !!, en este caso un modelo FIAT Argo.
Y benditas redes sociales, el momento quedó grabado y, como era de esperarse, explotó en redes.
De inmediato llegaron los comentarios: unos entre bromas hablando de “milagro”, otros cuestionando la suerte… y algunos más defendiendo que, al final, él participaba como cualquier otro miembro de la comunidad.
Porque sí, hasta ahora no hay denuncias, ni reclamos formales, ni nada que indique irregularidades.
Y es que una cosa son las coincidencias y otras parecen que son «verdaderos milagros»

