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Me gusta la comida de la Abuela Licha, pero no sus bastonazos. #MiAbuelaEsMiTroll

Eterno admirador de las mujeres y de mi vecinita que acá entre nos, se parece a Salmita Hayek.

Hablo latí­n, latón y lámina acanalada.

Me invitaron a la última pelí­cula de Quentin Tarantino pero no traí­a para la entrada, además no me gusta la sangre, por eso mejor me fui a comprar unos tacos de tripitas.

Si esperas encontrar alguien que escriba bien y bonito, ya te fregaste...yo no'más cuento historias.

Parce ser que eso de ser caballero ya no está de moda, cada vez se ve menos eso de abrirles las puertas del coche a las mujeres cuando entran y salen, igual y ya estoy viejo, pero era de esas cosas que lo hacían a uno sentirse especial y ellas también se sentían especiales, únicas.

Una vez, la tía Tere iba a salir con Ramón, el hijo del dueño de dos panaderías, iban a ir a la graduación de él, Ramón tenía un rato pretendiendo a la tía y ella no le había dado entrada, aunque le gustaba, pero en aquellas épocas al hombre “se le hacía batallar” antes de ser la novia.

A la tía Tere le gustaba el joven, por lo que le pidió el consejo a la abuela.

—Mamá, Ramón va a pasar por mí para irnos a la graduación y estoy muy nerviosa, es la primera vez que salimos juntos, y para acabarla solos.

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—¿no van a ir sus papás? –preguntó la abuela.

—No, ellos se van en el carro porque se van a llevar a la abuelita y no quieren hacernos perder el tiempo, porque los graduados tienen que llegar mucho antes a Torreón.

—Entonces… ¿se van tú y el en otro carro?

—Pos en la camioneta del trabajo, pero ya la lavaron y…

—Primero fíjate en la puerta y en el seguro –interrumpió la abuela.

—¿Cómo? –preguntó extrañada la tía.

—Que primero que nada te fijes en que te abre la puerta cuando te subas, que él la cierre y que antes de hacerlo le ponga el seguro a la puerta.

—¿Y eso?

—Eso significa que te está cuidando, que piensa en ti, en tu seguridad.

Nunca olvidaré la cara de la tía Tere al escuchar a la abuela, estaba radiante; luego le dio un beso en la frente a la abuela y se fue.

—Abuela, ¿qué más cosas como esa tiene que hacer un hombre? –le pregunté.

—Esas cosas no las hace un hombre mijo, las hace un caballero, hombres muchos, caballeros pocos y el serlo no tiene nada que ver con el dinero ni los estudios, porque hay patanes con dinero, sin dinero, estudiados y burros.

Las cosas que hacían los antiguos caballeros iban desde llevar a la dama del lado de la pared, para no exponerla a los peligros de la calle. por ejemplo, ceder el asiento a las damas, en los camiones o en fiestas, reuniones, quitarse la chamarra o el saco para cederla a la mujer cuando hacía frío o estaba lloviendo.

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El caballero era respetuoso, amable con todo el mundo, incluso les abren las puertas a otros hombres, ceden el paso, es puntual con las citas y sobre todo, les gusta ayudar a otras personas.

La palabra de un caballero era LA PALABRA, como decía mi papá: “en lo que quedamos”, no había otra cosa, si lo dijiste había que cumplirlo y punto.

Porque el caballero no solo lo era con las damas, era también un caballero con otros hombres, por ejemplo, con los de mayor edad o los niños; estamos hablando de la ya casis extintas galantería y caballerosidad.

Hace unos años, estaba en una banca del parque y a metro y medio de mis espaldas, estaba un coche ya viejito, entonces, vi como un señor se adelantó a la que parecía ser su esposa para abrirle la puerta, ella con la cara emocionada se llevó una mano al pecho, estoy seguro que él tenía años de no abrirle la puerta (o jamás lo había hecho); cuando la mujer vio la puerta abierta, dio un paso, pero el señor se le adelantó y le dijo: “se descompuso la chapa del otro lado, tengo que subirme por esta puerta” y acto seguido se metió como pudo para ocupar su lugar; ya se han de imaginar la cara de la mujer.

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Como aquella mujer que le reclamaba al marido:

—Ay viejo, nunca me abres la puerta del coche.

—¡Pero como no mujer, apenas la semana pasada te la abrí!

—Pos si, pero veníamos a 120 por la carretera de Monterrey a Saltillo.

Parece ser que ahora abrirle pa puerta a una dama es un acto de machismo y no de caballerosidad; en cierta ocasión, un hombre de edad le abrió la puerta a una dama, él sin conocerla ignoraba que era feminista, cuando ella ve que le abre la puerta le dice:

—¿Me abre la puerta porque soy una mujer?

—A lo que el hombre le responde:

—No señorita, no se la abro porque sea una mujer, lo hago porque soy un caballero.

La abuela Licha le decía a las tías:

— “Nomás hay que fijarse bien, porque hay unos que nomás lo hacen cuando las quieren impresionar y otros son caballeros todo el año”.

Igual y me queman en leña verde algunas feministas, pero creo que este mundo estaba mejor cuando los hombres se comportaban como caballeros.

Y como dijera piporro: “cada vez quedamos menos” (Mira, mira, mira…Ay ajá).

 

¡Nos vemos la próxima semana ¡

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