Un joven lagunero prepara la voz desde un camerino en el Palacio de Bellas Artes. La casa de la Compañía Nacional de Ópera mexicana recibe a un estudiante del Conservatorio de San Francisco; es la primera vez que su voz suena en un rol principal, el Rodolfo de La Bohème, de Giacomo Puccini.
Pero eso fue hace 10 años. Hoy, alternando con Ramón Vargas, regresa a escena el tenor Mario Rojas (Ciudad de México, 1993). Visita de nuevo a la ópera nacional en otro rol principal: Werther, protagónico de la obra homónima de Jules Massenet.
“Vivo en mi maleta”, ironiza. “Los lounges de hotel son como la casa de mis tías”.
El reencuentro con Ramón Vargas
“La primera ópera que hice en mi vida fue como parte del coro y Ramón Vargas cantaba el rol principal”, recuerda Rojas. Vargas cantaba, de hecho, el Rodolfo de La Bohème.
“Ahora, ya estar —entre comillas— consolidado y compartir elenco con él es muy significativo”. Ríe cuando se le señala que compartir elenco con una estrella mundial es, probablemente, la señal de que ya está consolidado. Más que falsa modestia, se siente como genuino deseo de enfocarse en la carrera y no en los calificativos.
“Ahora tengo un poco más de libertad para preguntarle cosas que no le habría preguntado antes por pena”, dice al respecto de trabajar un rol junto con Vargas. “Es padre compartir tips, que te aliente”.

Un tenor tranquilo
Su voz suena confiada al otro lado del teléfono. Habla calmado a pesar de que confiesa el pesar que siente por la muerte del alcalde de la ciudad donde creció. La constancia con su carrera es tal que, a pesar de que la noticia llegó poco antes de la entrevista, decide tomarla. No imprime prisa, no quiere irse rápido. Decide estar.
Tampoco se mete en honduras. Al preguntarle por la nueva administración de la Ópera de Bellas Artes, encabezada por Marcelo Lombardero y Lilia Maldonado, les reconoce el buen trato que tienen con él en este retorno.
Su tranquilidad llega incluso a la opinión. “Yo no tengo miedo de la crítica porque, incluso si alguien busca problema conmigo, no lo va a encontrar porque mi trabajo lo hago yo”, atesta. Reconoce el hueco dejado en la prensa por la crítica cultural. “Si se está muriendo la crítica, tendrá que renacer”. En su mirada, hay críticos comprometidos con su trabajo no sólo en México sino en Latinoamérica. “Todo lo que lleve a un niño, como lo fui yo, al teatro, bienvenido”.
Mario Rojas responde firme, reservado y conciso: no tiene problema con la crítica ni miedo a la prensa, su seguridad no suena a pedantería ni a desinterés. Tiene certezas sobre su trabajo.
Rojas ya no es novato. Es joven, sí, pero ha cantado en más países de los que le vienen a la mente ahora mismo. Se dice despreocupado por el futuro y abierto a que la vida lo sorprenda.
Ríe al preguntarle si hay un rol de otra tesitura que le gustaría poder cantar. “No envidio nada de otras tesituras, estoy contento con la mía”. La confianza en sí mismo es ineludible en su voz, la misma que labró en EU y ha resonado en Alemania, Italia y, próximamente, Japón.

