¿Recuerdan cuando destrocé la cuarta película de la saga de ‘Transformers’? ¿O cuando decidí reseñar la octava entrega de la serie ‘Rápidos y Furiosos’ haciendo toda una serie de preguntas sin interés manifiesto en la respuesta? Bueno, esta semana volvemos a ese territorio familiar donde el crítico tiene la innoble tarea de ser honesto con respecto a la calidad de una película y ustedes, pacientes lectores, tienen que adoptar la predecible postura de justificar todo con un “es palomera”, un “tú no entiendes el gusto de la gente”, un “no todo son películas de arte” o un “¿a quién le importa tu opinión?” (Evidentemente a quienes me leen, pero ese no es el punto).

Mejor intentemos hacer algo distinto. Está claro que TÚ ya sabes de sobra todos los argumentos que yo usaría para descalificar un filme como ‘Titanes del Pacífico: la insurrección’ (‘Pacific Rim: Uprising’, d. Steven S. DeKnight). Seamos honestos, hacer trizas una película así a nivel crítico es aún más sencillo que quitarle un dulce al niño, e igualmente cruel, por no decir innecesario. Uno no se mete a ver la segunda parte de una película cuya trama gira en torno a robots gigantes luchando contra monstruos gigantes esperando otra cosa que ver a robots gigantes luchando contra monstruos gigantes, ¿cierto?

Bueno, de entrada te digo que no tendrás ninguna decepción en cuanto al punto anterior: esta secuela sigue la fórmula predecible de ligar vagamente los hechos de su predecesora, mostrar en una breve secuencia que ha pasado una cierta cantidad de tiempo, introducir algunos de los personajes del filme original, y pasar “a lo que te truje, Chencha”: robots más espectaculares, monstruos más grandes, destrucción más pronunciada.

El héroe de esta entrega es Jake Pentecost (John Boyega), hijo del personaje que interpretara Idris Elba en la primer ‘Titanes del Pacífico’. Lejos de ser un tipo heroico y noble como su padre, Jake es un vivales que se gana la vida estafando a otros infelices a través del mercado negro y la economía post-desastre que dejó a su paso la lucha contra los “kaijus” (los monstruos, vamos) que ya vimos anteriormente. El mundo ha comenzado a reponerse de los estragos y de haber estado al borde de la extinción a manos de las colosales criaturas enviadas a la Tierra por una misteriosa civilización alienígena, pero es obvio que la humanidad está aún lejos de tener una existencia esperanzadora, pues muchas personas siguen sacando provecho de la rapiña y la destrucción reinante.

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Una de esas personas es una chica de 15 años (y que parece como de 12) llamada Amara (Cailee Spaeny). La huérfana ha vivido y crecido en un ambiente sin supervisión, y de alguna manera se ha tornado en una genio de la tecnología capaz de armar su propio robot gigante (bueno, no TAN gigante, pero el tamaño no es lo que importa) a base de piezas sueltas recolectadas en literales depósitos de chatarra robótica. Tras una fortuita confrontación con Jake, ambos son enviados a manera de castigo a una base donde la humanidad sigue manteniendo un escuadrón de robots (llamados “jaegers”) por si las moscas. O mejor dicho, por  si los “kaijus”, pues todas las calamidades tienden a regresar tarde o temprano.

En medio de estas medidas preventivas conocemos a la magnate tecnológica Liwen Shao (Tian Jing), una hermosa y desalmada mujer de origen chino cuya empresa está por firmar un lucrativo contrato con los gobiernos internacionales para equiparlos con una flotilla de “drones jaeger”: los mismos robots destinados a luchar contra los monstruos, pero ahora tripulados de manera remota por pilotos de su corporación.

En esta instancia vemos a varios rostros familiares de la primer película. Está Mako Mori (Rinko Kikuchi), hija adoptiva del personaje de Idris Elba y por ende “hermana” del personaje de John Boyega, quien ha dejado de pilotear “jaegers” para cumplir con funciones administrativas en la fuerza de defensa multinacional. También vuelve el Dr. Hermann Gottlieb (Burn Gorman), uno de los científicos que contribuyó a descubrir cómo operaba la mente de los terribles “kaijus” para así encontrar sus puntos débiles. Su colega, el Dr. Newton Geiszler (Charlie Day), es otro rostro familiar, pero ahora es asesor de la corporación Shao y se encuentra en una difícil postura frente a sus viejos conocidos, ya que la dichosa empresa parece estar ocultando un grave secreto que forzosamente nos llevará a consecuencias cataclísmicas.

La tónica de esta cinta es más bien como de una “academia de jaegers”, donde Amara adopta las labores de la sagaz novata cuyos impulsos deben ser controlados, Jake es el mentor renuente de aceptar responsabilidades pues nunca pudo resolver conflictos emocionales con su desaparecido padre, y el gallardo Nate Lambert (Scott Eastwood) está aquí para recriminarle a Jake el haber desperdiciado su potencial, tirando grandes cantidades de rostro y luciendo casi tan rudo como su famoso papá (Clint Eastwood, comprensiblemente ausente de este sainete).

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Ahora bien, lo lógico sería advertirte que esta película conserva muy poca de la magia que hizo especial a su antecesora. También debería decirte que Guillermo del Toro NO la dirige, pues estaba ocupado trabajando en la película que le acaba de hacer ganador de un merecido Oscar. Obvio debo recalcar que ni Idris Elba ni Charlie Hunnam (héroe de la primer peli) están de vuelta (el primero aparece en tomas recicladas y en un par de fotos, pero nada más). Mi deber es recordarte que las segundas partes en pelis de acción no tienen el récord más afortunado en cuanto a calidad y consistencia. ¿Estamos advertidos?

Bien. Por otro lado, hay que admitir que si bien ‘Titanes del Pacífico: la insurrección’ dista mucho de ser una película memorable, cumple con los requisitos para los que fue creada. La acción es abrumadora, la destrucción alcanza niveles apocalípticos, el CGI luce bastante (hay muchas más secuencias diurnas, para empezar), el humor también tiene mayor presencia y hasta hay una que otra sorpresa semi afortunada en el desarrollo de la historia. También sé que NO esperabas una joya de la cinematografía, sino algo de entretenimiento con poca exigencia intelectual y mucho “caramelo” visual, así que esto no te decepcionará.

¿Lo ven? Sobrevivimos al veneno de otra crítica negativa aplicando la sensata fórmula de la honestidad. Es una película de robots y monstruos gigantes, mi gente. No lo olvidemos en ningún momento, particularmente cuando la tentación de gritar “¡Qué idiotez!” nos asalte en otra secuencia torpemente ejecutada por el director primerizo o con otra línea de diálogo mal concebida. Y tampoco respinguemos por la sobreabundancia de guiños a personajes y lugares de origen asiático, pues sin la sorprendente taquilla que China generó para la película previa no tendríamos una secuela en estos momentos. En este punto el no sentirnos estafados por la compra del boleto ya es ir de gane, ¿saben?

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