Clichés capitales

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El horror moderno ha llegado a un nivel de competencia en el que aún las entregas menos ambiciosas pueden tener éxito con el público apegándose a una fórmula simple: desarrollar una agresiva campaña que pregone que la película en cuestión es “una de las experiencias más aterradoras en la historia del género”, añadir buenos actores al reparto e incluir un número juicioso de sobresaltos (los famosos “jump scares”) a lo largo de la historia. Ya, con eso basta.

El problema es que estos productos suelen perder relevancia con cada minuto que pasamos fuera de la sala tras la exhibición: la formula es olvidable por mera lógica, la trama carece de atractivo para recomendar el producto en sí, o nos damos cuenta de que muchos de los sobresaltos ya los habíamos visto en el tráiler. Y estos problemas son los que aquejan a ‘La Monja’ (‘The Nun’, d. Corin Hardy).

La historia parte con dos aterrorizadas monjas a punto de adentrarse a través de una puerta donde reside “el mayor mal que puede cernirse sobre la tierra”, y en el transcurso del intercambio vemos que ese enemigo que aún no muestra su rostro es en realidad temible (hace mucho ruido, pues). En menos de lo que canta un salmo una de las monjas desaparece, y la otra se quita la vida saltando al vacío desde la torre de una abadía para evitar que la entidad maligna haga presa de su cuerpo. El cadáver colgante es descubierto por un joven a quienes todos conocen como “Frenchie” (Jonas Bloquet).

Corte al Vaticano, donde el Padre Burke (Damián Bichir) recibe la encomienda de parte de sus superiores de investigar el deceso de la monja en cuestión. Burke se hace acompañar de una joven novicia, la Hermana Irene (Taissa Farmiga), quien aún no ha tomado sus votos pero parece estar curiosamente capacitada para esta delicada labor por razones no del todo convincentes. En fin, Padre y Novicia emprenden la marcha rumbo a la lejana aldea de Rumanía donde se desarrolla la acción.

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Los religiosos entrevistan a Frenchie (quien aclara que es un trotamundos franco-canadiense en busca de experiencias interesantes en el Viejo Mundo) y lo reclutan un poco renuentemente para llevarles a la abadía. El trayecto nos revela detalles curiosos sobre el lugar, recientemente asolado por los horrores de la Segunda Guerra Mundial (la película se desarrolla en los años 50). Múltiples ocurrencias extrañas reciben a nuestros protagonistas al llegar a su destino, y no logran recibir explicaciones coherentes de las monjas que residen en el lugar.

La primera noche que Burke y la Hermana Irene pasan en la abadía está llena de eventos sobrenaturales y acontecimientos que desafían toda explicación lógica, pero adivinamos que cualquiera que sea la presencia maligna que han llegado a combatir, ésta les lleva considerable ventaja. Comenzando por el hecho de que la forma en que se manifiesta suele ser, sí, la de una monja. ¿Cómo distinguirla de las otras religiosas del convento? ¿Cómo adivinar si la figura que nos da la espalda enfundada en su negro hábito es un ser humano o un demonio? ¿Cómo no se le ocurrió a James Wan un conflicto más interesante?

A estas alturas ya habrás escuchado que ‘La Monja’ es parte del universo de horror creado por el mencionado Wan a partir de la película ‘El Conjuro’, y que el personaje de la monja demoniaca nos es conocido de ‘El Conjuro 2: el caso Enfield’. La ambiciosa aproximación del realizador para reunir múltiples historias en un mismo ámbito y extenderlas a través de narrativas de orígenes, secuelas y el desarrollo independiente de sus personajes más relevantes vale un elogio, pero me parece que esta entrega queda mucho a deber y se apega a las fórmulas más que a las propuestas.

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No me considero ni de lejos un experto en cine de horror, así que cuando alguien como yo adivina muchos de los giros “sorprendentes” de la trama, es obvio que hay un problema. Esta película plantea escenarios muy promisorios que termina resolviendo con soluciones argumentales gastadas, clichés tan obvios que pueden sonar a autoparodia y un desenlace francamente falto de contundencia. Creo que mi suspicacia en torno al filme se desató con la “polémica” respecto a que YouTube había retirado el tráiler por ser “demasiado intenso”, justo la clase de estratagema que emplean muchos estudios para disfrazar el hecho de que una producción no es lo suficientemente sólida para sostenerse por méritos cinematográficos propios.

Lo cierto es que no todo es malo. Para empezar las actuaciones son meritorias, y Taissa Farmiga brilla particularmente por su presencia escénica. El desarrollo del carácter de su personaje está bien logrado, y posee una cualidad empática considerable. Aunque el acento latino traiciona a Bichir de vez en cuando, su Padre Burke funciona bien cuando le vemos enfrentando demonios personales de su pasado. Y el fársico personaje de Bloquet combina bien los elementos de comedia con una nobleza heroica bastante plausible.

Pero a final del día una película así debe ofrecer más en materia de esencia. Aquí hay muy poca. Sí, las conexiones con la saga están presentes, pero no resuenan mucho en el panorama general de una gran narrativa. Los giros de tuerca se ven venir de muy lejos. Y hay un par de secuencias que debían generar pavor en la audiencia y que se quedan muy cortas en el cometido. El balance general no es bueno, aunque el género suele perdonar muchas carencias. Lo que ‘La Monja’ debería recordar es que, en materia de horror, el mayor pecado que se puede cometer es ser olvidable.

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