Consistencia. Muchas veces podemos relacionar ese factor con las franquicias fílmicas más exitosas, pues en los mejores casos involucra hallar una fórmula efectiva de interesar a la audiencia y presentarla reiteradamente en múltiples entregas. Si no me creen que ser consistente tiene un apreciable valor, miren las reacciones que ha obtenido una saga como la de ‘Star Wars’ en películas que por un lado se mencionan entre lo más brillante que le ha ocurrido al cine, y por otro tienen a los enardecidos fans firmando peticiones para que “borren” una película de la serie.

Ese es un ejemplo extremo, claro, pero conviene estudiar a detalle el éxito de una franquicia fílmica que, después de su auspicioso debut hace 18 años, ha logrado extender la vida de su personaje principal a lo largo de sucesivas películas que simplemente no decaen en cuanto a calidad ni a estándares narrativos. No me parece aventurado decir que ‘Misión: Imposible – Repercusión’ (‘Mission: Impossible – Fallout’, d. Christopher McQuarrie) puede ser la mejor producción entre las seis entregas existentes, y que además mantiene un nivel más consistente que las similares sagas de James Bond o Jason Bourne.

En esta ocasión Ethan Hunt (Tom Cruise) comete un error de juicio durante una complicada misión con traficantes de plutonio que pone en circulación ese preciado material en el mercado negro, seguramente con el fin último de ser empleado para fabricar varias bombas nucleares. La misteriosa organización de ‘Los Apóstoles’ está detrás del hurto, animada por la perspectiva de liberar a su líder Solomon Lane (Sean Harris) y de seguir desestabilizando al mundo con sus golpes de alto perfil.

Hunt sacrificó la posesión del plutonio para salvaguardar las vidas de sus amigos y colaboradores Luther (Ving Rhames) y Benji (Simon Pegg), así que ambos deciden apoyarlo en sus esfuerzos por recuperarlo. Cuentan con el voto de confianza de su superior Alan Hunley (Alec Baldwin), pero no así de la directora de la CIA Erica Sloan (Angela Bassett), quien decide asignarle “compañía” al grupo para que no vuelvan a equivocarse.

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Dicha compañía es provista por el temible agente Walker (Henry Cavill), un fortachón y arrogante operativo que es descrito como “un martillo” por su superior, en contraste con el “bisturí” representado por la sofisticación de Ethan. El choque de egos entre ambos “alfas” nutre una rivalidad que es mucho más profunda de ver quién de los agentes es “más macho”. Tiene que ver con la forma de conducirse en operativos secretos, con la prioridad que se da a la ciudadanía común por encima de otros agentes de campo, en fin: con la labor de espionaje en general, donde el polo de emplear el buen juicio contrasta radicalmente con el uso de la fuerza.

Todo complica más la existencia de estos agentes cuando hace su llegada Ilsa (Rebecca Ferguson), quien encuentra que su misión con respecto al temible villano Lane es mucho más complicada que pegarle un simple tiro entre ceja y oreja. Todos los personajes que vemos a lo largo de la historia denotan intereses que se apartan en un aspecto, pero que se acercan en otros. La incomodidad adicional que nos provoca el director McQuarrie al plantear una supuesta traición en el seno del equipo solamente añade dramatismo a la trama

Si bien la labor de prácticamente todo el elenco merece destacarse, particularmente en lo que a la utilización de Walker como contrapunto a Hunt se refiere, hay que admitir que la película es lo que es gracias a Tom Cruise. Uno puede no compartir sus creencias religiosas o poner en duda más de uno de sus proyectos, pero no se puede negar que se ha adueñado del papel de Ethan como de ningún otro, y que su profesionalismo es contagioso a nivel de la producción entera. Es bien sabido que el filme se demoró de más a raíz de una fractura sufrida por su estrella durante el rodaje, pero se entiende a la perfección que el compromiso de Cruise con la saga admita ciertos sacrificios.

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Aquí hay que decir que la espera valió la pena: la fecha de estreno se respetó, el planteamiento de una posible secuela luce intacto y la película abunda en aciertos. Un par de persecuciones en París y Londres, una impecablemente coreografiada golpiza dentro de un baño, el eterno subterfugio de no saber a ciencia cierta quién trabaja para quién… todos estos elementos cumplen con esa fórmula de éxito que ahora puede estar alcanzando su máximo grado de eficiencia.

Al final del día resulta innecesario recomendarles ‘Misión: Imposible – Repercusión’ pues, hablando con claridad, el resto de la oferta en taquilla veraniega no permite espacio para experimentos. Pero es también cierto que el público ha seguido extendiéndole a Tom Cruise un cheque en blanco en lo que a entregar buenos filmes de espionaje se refiere. Tom puede no ser ya el mismo joven que conquistó a Hollywood desde sus inicios, pero sigue cayendo de pie en sus incursiones en el cine de acción… e incluso sabe sacarle provecho a las raras ocasiones en las que una fractura amenaza con llevarlo al retiro del género. Eso se respeta.

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