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Me gusta la comida de la Abuela Licha, pero no sus bastonazos. #MiAbuelaEsMiTroll

Eterno admirador de las mujeres y de mi vecinita que acá entre nos, se parece a Salmita Hayek.

Hablo latí­n, latón y lámina acanalada.

Me invitaron a la última pelí­cula de Quentin Tarantino pero no traí­a para la entrada, además no me gusta la sangre, por eso mejor me fui a comprar unos tacos de tripitas.

Si esperas encontrar alguien que escriba bien y bonito, ya te fregaste...yo no'más cuento historias.

Con los ojos del alma

Cuando Marianita nació, los médicos no notaron nada extraño, ni la mamá, fue la abuela de la niña quien notó algo diferente en ella.

  • Este niña es diferente –dijo Doña Elvira al cargar a su nieta por vez primera-
  • ¿Por qué mamá, qué le vez diferente? –preguntó Luz María, la mamá de la recién nacida
  • No sé, pero esta niña será diferente a todas las demás

La abuela de la niña tenía razón, al poco tiempo se dieron cuenta de que la niña no veía nada.

  • Esta niña nació ciega, no hay nada que hacer –dijo el galeno del pueblo-

Y esa frase la escucharon una y otra y otra vez cada vez que la llevaban con un médico nuevo.

  • Ya mejor aquí le paramos –dijo Diógenes, el papá de la pequeñita- lo que no se es que vamos a hacer con ella.
  • ¿Cómo que qué vamos a hacer con ella? –preguntó la madre-
  • Mi chaparrita chula, no se me enoje, pero… si uno que tiene todos los sentidos la anda sufriendo, ¿qué va a ser de esta criatura? A lo más va a terminar como Chenchito
  • ¿Chenchito?
  • Si mujer, el cieguito que pide limosna afuera de la iglesia
  • ¡Mi hija no va terminar pidiendo limosna!, mire Diógenes, no vuelva a hablar así de mi hija, de nuestra hija.
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Ya cuando Luz maría le hablaba a su esposo “de usted” y por su nombre, era porque realmente estaba enojada.

  • A lo mejor no se acuerdan, pero cuando vi por primera vez a esta niña, les dije que iba a ser una niña diferente –dijo Doña Elvira quien se había mostrado reservada todo el momento- ¿y saben?, esta niña si será diferente a los demás… tiempo al tiempo, tiempo al tiempo –dijo al momento que le quitaba la nieta a su yerno-

Diódoro y Luz María caminaron detrás de la mujer, Luz María sentía una esperanza con dejo de miedo dentro de ella, mientras que Diódoro con el alma rota, no dejaba de ver a su hija pidiendo limosna en la entrada de la iglesia.

  • Ojalá que cuando la niña crezca, ya se haya muerto Chenchito –pensó para sus adentros- así no tendrá competencia-

Ni de aquí, ni de allá.

  • ¿Pero cómo quiere que le demos clases si ni siquiera podrá ver el pizarrón? –decía la maestra de la escuela-
  • Además, disculpe señora, pero si no puede ver, ¿cómo va a escribir? Y sino escribe, ¿cómo presentará sus exámenes para saber cómo va? –exponía la directora-
  • No la conocen, mi hija es muy lista –decía orgullosa la madre a la vez que intentaba ser convincente- con que ustedes le lean, ella va a prendiendo, lo que pueda, algo es algo, y por el examen, pos que sea hablado y no escrito.

La directora guardó silencio, suspiró y habló con una voz más firme y fría.

  • Señora, apenas alcanzamos de maestros para la cantidad de alumnos, y hacerle el examen a su hija, no va a hacer perder el tiempo, además ese lugar que ocuparía su hija sería para un niño que si le vaya a servir la escuela, que si le sea de utilidad –luego hizo una pausa y agregó casi murmurando en el oído de la madre- además… ¿quién le daría trabajo a una persona ciega?, piénselo señora, piénselo.
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Luz María con el alma desolada, con el corazón partido en pedazos, tomó a su niña que estaba sentadita en la entrada del salón y salió corriendo de la escuela, cada paso que daba recordaba las palabras de la directora y sus lágrimas apenas le permitían ver el camino que llevaba a su casa.

Ya en la hora de la comida, llegó la abuela de la niña que había ido a recoger unas plantas medicinales al campo y a comprar otras tantas al mercado.

  • Mira nomás que bonita gobernadora encontré, ¿ya viste? –dijo mostrando lo que traía en la bolsa- mira nomás que bonito peyote, nomás me falta… ¿pos qué tienes mija? ¿por qué estás chillando? ¿ora que pasó?
  • Fui a la escuela amá, para meter a la niña
  • ¿Y pa qué?
  • Pos pa que aprendiera amá
  • Ay mija, hay tantas cosas que aprender ajuera de la escuela, ya les dije, pero no entienden, “esta niña es diferente a los demás, será diferente a la demás gente, pero no porque esté ciega, no porque no pueda ver, esta niña ve diferente a como vemos tú y yo”
  • Habla con tanta seguridad amá –dijo Luz María limpiándose las lágrimas-
  • Porque estoy segura mija, anda, levántate y ten fé, porque de eso se trata la vida, que si no tienes fe, entra el miedo y el miedo no es de Dios, es del de abajo y ese quiere que tengas miedo, pa que se acabe la fé.
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Luz María abrazó salió de la cocina y fue al patio donde se encontraba la niña sentada jugando en la tierra con unas varitas.

  • ¿Por qué lloras mamita? –preguntó la niña que estaba de espaldas-
  • ¿Cómo sabes que estaba llorando?, ¿me escuchaste?
  • No mamita, te olí cuando venías
  • ¿Me oliste? –preguntó la madre con un escalofrío en la piel- ¿y a que huele cuando uno llora?
  • Las lágrimas huelen a mar
  • Hijita, tu… nosotros no conocemos el mar
  • Pero así huelen mamá… aparte, las tuyas huelen a tristeza.
  • ¿Y a que huelen las lágrimas de tristeza?
  • ¿Te acuerdas del cabrito que mató el tío Manuel y dejó en la mesa de la cocina y que yo toqué y me asusté?
  • Si
  • Así, las lágrimas de tristeza huelen a las que tenía ese cabrito en la mesa… porque las laágrimas de alegría huelen diferente.
  • ¿Y esas a que huelen mi niña? –preguntó la mujer llorando de nueva cuenta mientras se ponía en cuclillas para ver los ojitos apagados de su hija-
  • Como a esas que tienes ahorita, huelen a mamá feliz, como al rocío en las flores cuando acaba de amanecer.
  • Luz María no pudo más, abrazó a su pequeña y comenzó a llorar con lágrimas que olían al rocío en las flores cuando acaba de amanecer; y supo que su mamá tenía razón, que Marianita era, sería diferente a los demás, pero no porque no puediera ver con los ojoa, sino porque Marianita veía diferente, ella veía con el alma.

¡Hasta la próxima semana!

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