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Para la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, lo escuchado en una serie de audios filtrados —donde se pone a disposición como escucha para supuestos agentes del FBI o el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos sin saber quiénes eran en realidad—, es apenas un acto de buena fe que salió mal.
Es víctima, dice, de Jaime Bonilla, su antecesor y supuesto correligionario. La conversación que ha sostenido con el diario español EL PAÍS la plantea como la gran víctima de la conspiración fraguada por un solo hombre, Bonilla, en la que cayó. “Como es algo que yo nunca le haría a alguien, partí de la buena fe”, dice a los reporteros que se entrevistaron con ella en Ciudad de México.
Ávila, de 40 años, confiesa haber sentido temor por sus hijos de 4 y 13 años. «Me hicieron una emboscada psicológica», acusa, mientras enfatiza que ella no solicitó la ayuda de Bonilla sino que ha sido él quien la ha ofrecido. «Lo recibo pensando que íbamos a hablar del tema [de las visas canceladas a ella y a su esposo], pero él [el enviado de Bonilla] empieza a plantearme escenarios que no había escuchado antes», dice, mientras lista: cargos, sanciones, «incluso se habló de una extradición, de cartas».
La gobernadora fronteriza asegura que no se ofreció como escucha a pesar de lo que puede escucharse literalmente en los audios difundidos por Héctor de Mauleón en El Universal. En cambio, dice, se refería a información de las mesas de Seguridad binacionales en las que participa por su posición. «La información que se comparte está en el marco de lo legal», aclara, aunque abriendo la duda del por qué ofrecería esa información a la que las agencias estadounidenses seguramente tendrían acceso sin necesidad de su intervención.
Marina del Pilar tampoco parece tener claridad sobre la agencia a la que presuntamente representaba el enviado de Jaime Bonilla. Pero, asegura, ha presentado una denuncia por «los delitos que la autoridad determine»; también que la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, estaban al tanto de sus «gestiones para tramitar la visa» pero no sabían de la asesoría externa. «A los asesores los busco porque me hicieron todo este tipo de planteamientos y especulaciones».

