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No puedo ser indiferente cuando en mi país matan a 11 mujeres al día: Gabriela Ortiz

Multiganadora del Grammy, Gabriela Ortiz estrena su ballet Revolución Diamantina en el Palacio de Bellas Artes tras los éxitos acumulados en EU y Europa

Era 2019 y Jesús Orta, secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, fue bañado en glitter rosa. Al grito de «No me cuidan, me violan», las mujeres tomaron las calles en ese agosto para exigir respuestas frente a los reportes de un abuso sexual contra una mujer, cometido por policías.

La diamantina fue el símbolo del hartazgo. Las mujeres se compartían tips para producir su propio glitter no contaminante, seguro. El símbolo quedó en la memoria colectiva y permanece fijo en ella como las colectivas pedían que se quedara en los espacios físicos. Colectivos como Restauradoras con Glitter pedían que el Gobierno de Claudia Sheinbaum registrara las pintas, las preservara; pero a la ahora presidenta le carcomió la prisa por restaurar el monumento en vez de resignificarlo.

El Gobierno de la CDMX, en vez de perseguir a los policías violadores que causaron la indignación, decidió ir en contra de la activista trans Alec, quien lanzó la diamantina que indignó al funcionario.

Pero las voces no callaron. La pinta «México Feminicida» vive en el recuerdo de la colectividad que vio intervenida la icónica Columna de la Independencia y la Revolución Diamantina encuentra un nuevo eco en el ballet escrito por la multipremiada compositora mexicana Gabriela Ortiz.

Para la creadora, la deuda histórica permanece sin importar quién ocupe el Gobierno. «Algunas cosas habrán mejorado», dice, pero reconoce que los avances aún quedan cortos.

Ortiz (México, 1964) ha recibido 3 premios Grammy y un Latin Grammy por Revolución Diamantina. Para ella, usar su talento y la visibilidad para mantener la crisis feminicida en el foco. «No puedo permanecer indiferente cuando en mi país matan 11 mujeres al día». Revolución Diamantina es un riesgo glorioso: «Yo no me esperaba que con una obra así, con tema así, ganara 4 Grammys».

La compositora es firme respecto de su mirada feminista. No considera que exista una necesidad de enunciarse públicamente como tal, sino una necesidad de actuar en consecuencia.

Una de esas acciones es justo este ballet, que será estrenado en México con un elenco prioritariamente femenino: la directora orquestal Lina González-Granados, las coreógrafas Claudia Lavista, Lola Lince y Melva Olivas y el Centro de Producción de Danza Contemporánea (CEPRODAC) bajo la dirección de Cecilia Lugo. A la cabeza de todo, como productora, está Marisa Canales.

La aspiración de este estreno no es sólo artística. Hay una protesta en el fondo. «Yo quisiera que hubiera menos impunidad. ¿Cuántos casos quedaron impunes en Ciudad Juárez». A la compositora le preocupa la inacción oficial que permite la impunidad. «Tenemos que seguir trabajando en ello».

Y el momento de trabajar ha llegado a México. Este sábado, el Palacio de Bellas Artes será el escenario para la Revolución Diamantina.

La música creada por Ortiz para esta revolución es misteriosa, compleja pero disfrutable. La grabación dirigida por Gustavo Dudamel frente a la Filarmónica de Los Ángeles evidencia el concienzudo trabajo de Ortiz al dar forma sonora a la rabia, a la justa y necesaria indignación, al grito que no termina porque la violencia no para.

La evolución del Morisco chilango es poderosa. Se siente como cuando llegas a una protesta: al principio es poca gente, luego son más y marchan juntos. Quien haya visto caer el atardecer durante una manifestación sentirá el recuerdo invadirle en la transición al segundo movimiento.

Ortiz ha decidido poner a la orquesta al servicio de la protesta. No es feminista de discurso sino de actos; ha estrenado esta obra pero ahora, comparte, trabaja en una ópera cuyos detalles no puede revelar aún.

A estrenarse en México el 4 de julio a las 19h –y con una función en vilo el domingo, de cara al encuentro México-Inglaterra en la Copa Mundial de la FIFA–, Revolución Diamantina luce su brillantez al recordarnos que la rabia debe y puede ser fortaleza.

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