Los primeros mil días de vida, que abarcan desde el embarazo hasta los dos primeros años después del nacimiento, son un periodo crítico para la salud presente y futura de las personas. Durante esta etapa se define buena parte del desarrollo metabólico, cardiovascular y neurológico, y cualquier alteración puede tener consecuencias que se extienden incluso a generaciones posteriores, explicó Elena Zambrano González, académica de la Facultad de Química de la UNAM.
La especialista señaló que la salud de una mujer durante el embarazo y la lactancia no debe entenderse como una responsabilidad individual, sino como una tarea colectiva que requiere condiciones sociales, comunitarias y de salud adecuadas. “Lo que ocurre en estos primeros mil días puede marcar la trayectoria de vida de la descendencia”, subrayó.
En términos científicos, este periodo se conoce como los Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad, o DOHaD por sus siglas en inglés. El concepto plantea que el ambiente temprano, incluida la nutrición materna, influye de manera decisiva en la predisposición a enfermedades como diabetes, hipertensión, obesidad y trastornos metabólicos en la vida adulta.
Zambrano González explicó que, por ejemplo, una desnutrición severa durante el embarazo puede afectar el desarrollo de órganos clave como el riñón. Al nacer, las personas cuentan con un número determinado de nefronas, las unidades funcionales de este órgano. Si el feto no recibe los nutrientes necesarios, puede nacer con menos nefronas, lo que incrementa el riesgo de hipertensión a edades tempranas. Aunque no se trata de una condena irreversible, sí existe una mayor vulnerabilidad que exige cuidados posteriores.
La investigadora y su equipo han realizado aportaciones relevantes a nivel internacional mediante estudios con modelos animales. Han demostrado el paso transgeneracional de la resistencia a la insulina y documentado que hijas e hijos de madres con obesidad pueden desarrollar alteraciones metabólicas incluso si mantienen dietas controladas a lo largo de su vida, además de presentar una menor esperanza de vida.
Sin embargo, también han comprobado que las intervenciones oportunas pueden reducir significativamente estos riesgos. Cambios en la alimentación y la incorporación de ejercicio físico antes del embarazo, o incluso durante el mismo, mejoran el estado metabólico materno y disminuyen los efectos adversos en la descendencia. “Nunca es tarde para intervenir, ya sea en la madre o en los hijos”, afirmó.
La científica, galardonada con la Medalla David Barker 2025, destacó que el concepto DOHaD refuerza la idea de que la salud no depende únicamente de la genética. El ambiente, la nutrición, el estrés y otros factores influyen de forma determinante en etapas tempranas del desarrollo, así como en periodos posteriores como la adolescencia, donde también pueden ocurrir cambios epigenéticos relevantes.
Estudios epidemiológicos respaldan este enfoque. Investigaciones sobre eventos históricos como el invierno del hambre en Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial, el sitio de Leningrado o la hambruna en China entre 1959 y 1961 han mostrado que quienes estuvieron expuestos a desnutrición extrema en la etapa perinatal presentan, décadas después, mayor predisposición a enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Actualmente, el equipo de Zambrano González desarrolla proyectos multiinstitucionales en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, donde analizan los efectos de la desnutrición y la obesidad materna, el envejecimiento, la transmisión por vía paterna y los mecanismos que afectan sistemas como el metabolismo, el neurodesarrollo, la memoria, la ansiedad y la duración de la vida.
La investigadora celebró que el enfoque de los primeros mil días de vida sea considerado una prioridad en las políticas de salud pública en México, y confió en que una mayor articulación entre investigación básica, clínica y epidemiológica permita generar estrategias preventivas más eficaces para mejorar la salud de las futuras generaciones.




