¿Una imagen vale más…? el encuentro genuino en el consultorio del psicoanalista

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A continuación, les dejo una interesante reflexión de la psicoterapeuta Emilia Martinez ([email protected]) acerca de una experiencia que tuvo entre lo virtual (una foto de celular) y el encuentro con una paciente en su consultorio. No se lo pierdan. 

“Entre lo que pienso,

Lo que quiero decir,

Lo que creo decir,

Lo que digo,

Lo que quieres oír,

Lo que oyes,

Lo que crees entender,

Lo que quieres entender,

Lo que entiendes,

Existen nueve posibilidades de no entenderse”

Bernard Werber

Seguramente han escuchado la frase que dice “una imagen dice más que mil palabras”…es cierto, sin embargo las mil palabras van a ser diferentes para cada uno de nosotros.

Es evidente que los medios de comunicación van más allá de la palabra, del lenguaje como lo conocemos, más en estos tiempos donde WhatsApp es ya un medio de comunicación inamovible, donde aparte de los emojis, los mensajes de voz, los mensajes escritos, existe otra manera de comunicar que es la foto que pongo para identificarme.

¿Qué imagen doy? Por ejemplo, en mi foto de WhatsApp yo pongo el personaje de la pantera rosa haciendo el rol de psicoanalista. ¿Por qué elegí esa? es interesante lo que cada quien imagina. Según yo, al poner esa imagen generaría risas y evitaría fantasías, como el suponer que soy joven, millenial e inexperta.

Pero justo nuestra tarea como psicoterapeutas, es dejar que el otro entienda lo que quiera entender y no tratar de controlar “su imaginación o sus fantasías”.

Lo que hoy les vengo a compartir es cómo fue mi experiencia al ver la foto de una futura paciente, qué fue lo que traté de pescar, captar, descifrar conscientemente y qué fue lo que imaginé inconscientemente, solo por ver una foto.

Primer contacto

Lo que  les voy a contar aconteció no hace mucho, como otras veces fui contactada mediante WhatsApp y me escribió una joven llamada Olivia quien me pidió una cita, nos pusimos de acuerdo y concretémonos el día y la hora.

¿Quién es Olivia? Me pregunte y procedí a ver su foto de WhatsApp.

Les tratare de describir lo que vi y sentí.

Lo que vi fue una Selfie traducida al español como “autofoto” muy de moda en estos tiempos de los jóvenes.

Lo primero que note fueron las cejas, tan gruesas y exageradas que parecía que podían cobrar vida propia estas enmarcaban unos ojos grandes, con pestañas largas y una mirada penetrante que podía decir “Holaaaa te invito a conocerme” . El rubor era tanto que daban ganas de quitarle un poco, la boca hacia una mueca conocida como “duck face” o en español “trompa parada”.

Lo que llevaba puesto era imposible pasar desapercibido; una ombliguera con un escote pronunciado, y noté que llevaba un piercing en el ombligo y bueno se notaban mucho sus “atributos”, la posición de la mano era incomoda, me hizo pensar en cuantas veces se tomó la foto. Cuando termine de verla pensé:

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“¡Wow!, ¡Qué maquillada está!”.

Es increíble lo que paso por mi cabeza con tan solo ¡ver una foto! Aparte de terapeutas somos humanos, nuestro trabajo no es evitar sentir sino darle un sentido.

Encuentro real

Llego el día y la hora programada para ver a Olivia, tocaron la puerta y para mi sorpresa cuando abrí, NO ERA ELLA”.

No podía ser ella… pues quien tenía delante no se parecía en nada a la que vi en la foto. Quise comparar la imagen  del WhatsApp y a la persona que tenía delante, pero me pareció inapropiado. Tenían un aire, pero la persona que estaba frente a mí parecía un esqueleto: triste, cansado, no traía una gota de maquillaje, traía unos lentes que le cubrían la mitad del rostro, pero aún a través de ellos se notaba que los ojos no tenían vida, las ojeras se quejaban de no haber dormido en días, la blusa era de cuello de tortuga a pesar del calor, parecía frágil.

Interrumpió mis pensamientos y dijo:

  • ¿Doctora? , soy Olivia.

A lo que yo solo pude decir “Adelante” pero a mis adentros pensaba “¿Segura si eres?”, caminamos unos pasos cuando Olivia se detuvo en seco y dijo.

“Yo no puedo estar aquí, en este edificio trabajan personas que me conocen.”

  • Lo que pensé fue “Claro que tú no puedes, te confundiste, tú no eres Olivia.” Sin embargo lo único que pude decir fue “Pero ya estas, además, las personas a las que te refieres, ya no trabajan aquí”.

Una vez en el consultorio yo me decía “Emilia tranquila, si tu estas confundida imagina ella como está, esto que sientes te será útil, y todo tendrá lógica.”

Sinceramente lector querido, yo tenía miedo que mi confusión me paralizara, lo hubiera hecho si no me permitía sentirla, la contra transferencia es una herramienta muy útil para entender el mundo interno de la paciente a través del nuestro, no significa no tener miedo, sino al contrario, debo sentirlo para poder ponerlo en palabras.

En la sesión, Olivia me comentó una situación por la cual tuvo que pasar, tan grave y tan personal que este no es el momento para compartirles. Pero a grandes rasgos puedo mencionarles que la palabra “violación” se queda corta para describir el horror de lo que le aconteció a mi paciente.

Entender mi confusión me permitió encontrarle lógica a todo. Olivia efectivamente, puso esa imagen en WhatsApp para cubrir, para disfrazarse, para maquillar y ser tomada por otra persona, por alguien que no diera lástima. Podía mostrarse virtualmente pero en un encuentro real se mostraba su verdadero self. Es una realidad que en estos tiempos los medios de comunicación van cambiando y por ende los de vinculación. No los estoy invitando a que se tomen selfies, pero sí a adaptarnos, a hablar de ello y a perder el miedo. El entender lo que le pasaba a mi paciente no hubiera sido posible si no admitía lo que yo estaba sintiendo y, en parte, gracias WhatsApp.

GIRO DE LA TRAMA (PLOT TWIST)

Todo lo que les conté fue muy lógico ¿no? Muy entendible.

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Pues justo en nuestra chamba no es lo lógico. Todo lo que le pasa a Olivia, va más allá del encuentro real al virtual.  De que una imagen virtual sustituya a la real.

Lo que mencione fue solo un primer asomo.

Es necesario trabajar profundo para descubrir, desvestir, desocultar, despojar del disfraz a quien se recubre, así el disfraz sea de selfies.

  • Pero a elección de la foto ¿oculta o revela?

Tendríamos que preguntarnos si el disfraz, el maquillaje o la selfie que eligió sólo sirve para cubrir o también en el acto mismo de colocar la imagen y a pesar de todo  ¿Qué podemos encontrar detrás de la selfie a Olivia? ¿Realmente se trata de otra Olivia?

Me parece que no se puede reducir a “Olivia la de la trompa parada u Olivia la frágil”, sino más bien es  “Olivia la de la trompa parada Y  Olivia la frágil.”

Entonces ¿Por qué mi paciente tiene dos cuerpos? Uno parece ser sexualizado, provocativo, deseoso y el otro parece que sólo tiene fuerza para sostenerse.

Parece que Olivia paso de desear a necesitar, de vivir a sobrevivir.

  • ¿Cómo se creó semejante brecha?
  • ¿Cómo estas dos imágenes no se conocen?, ¿Dónde está mi paciente?

Olivia  está dentro de una profunda brecha y yo no puedo contentarme con explorar tímidamente el borde. Es claro que estas son solo algunas de las muchas preguntas que me he planteado y que no me dará tiempo ahondar en cada una de ellas, pero la invitación sigue siendo la misma; efectivamente los tiempos están cambiando la tecnología ya está aquí. Existen nuevas formas de encontrarnos, de comunicarnos y de mostrarnos. Es nuestra tarea, por ello, seguir pensando y no dar por sentado nada. Mi paciente eligió esa imagen conscientemente para mostrar algo de sí pero inconscientemente algo más fue colocado que nos toca a nosotros pensar, pues al final una de las partes fundaméntales del psicoanálisis son los encuentros que no se pueden reducir solamente a uno virtual y a otro real.

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