Donald Trump se autodenominó “presidente interino de Venezuela” en una serie de publicaciones difundidas en su plataforma Truth Social, en el contexto del nuevo escenario político que se abrió tras la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026.
El mensaje se da después de que el propio Trump afirmara que Estados Unidos encabezará el proceso de transición política y económica en Venezuela, luego del colapso del régimen chavista. Desde su perspectiva, el país sudamericano requiere conducción externa para reorganizar sus instituciones y reactivar sectores estratégicos.
El control del petróleo, eje de la transición
Desde la salida de Maduro del poder, Trump ha reiterado que Estados Unidos asumirá un papel central en la administración y comercialización del petróleo venezolano, uno de los recursos energéticos más importantes del mundo.
Para el mandatario estadounidense, la gestión de estos recursos es clave para estabilizar a Venezuela y garantizar que los ingresos no vuelvan a ser utilizados por redes de corrupción, como ocurrió durante el chavismo. Trump ha insistido en que el objetivo es que el dinero generado beneficie directamente al pueblo venezolano.
Analistas alineados con esta visión sostienen que la estrategia busca ordenar un país devastado, reactivar su economía y sentar bases para un nuevo modelo político, tras décadas de deterioro institucional.
Cuba y el mensaje político de Washington
En el mismo periodo, Trump reaccionó positivamente a un mensaje que sugería que Marco Rubio podría asumir un rol de liderazgo en Cuba. Aunque el comentario fue breve, reforzó la postura del gobierno estadounidense de no respaldar regímenes autoritarios sostenidos por subsidios externos.
Trump también dejó claro que Cuba no continuará recibiendo petróleo ni recursos provenientes de Venezuela, una decisión que apunta a romper esquemas regionales que, desde su óptica, perpetuaron gobiernos fallidos.
Una nueva postura de Estados Unidos en la región
Las declaraciones de Trump reflejan una política exterior más directa hacia América Latina, centrada en intervenir en escenarios de colapso institucional y promover transiciones alineadas con los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Para sus seguidores, se trata de una postura firme frente a gobiernos que, aseguran, llevaron a sus países al deterioro económico y social. Bajo esta lógica, Venezuela entra en una nueva etapa marcada por control externo, reorganización y reconstrucción.




