La jornada de búsqueda en la zona del Lago de Chalco volvió a exhibir la dimensión de la crisis de desapariciones en los límites entre la Ciudad de México y el Estado de México. Autoridades y familias localizaron 317 restos óseos que, de acuerdo con los primeros análisis en campo, podrían corresponder al menos a tres personas distintas.
Lo encontrado este lunes, sumado a los indicios recuperados desde el viernes 10 de abril, refuerza una sospecha devastadora: ese punto habría sido utilizado para ocultar rastros de violencia. Lo que comenzó como una inspección en áreas específicas terminó por escalar a una revisión masiva en un terreno que ya había sido señalado por colectivos de búsqueda.
Una búsqueda que crece junto con la gravedad del hallazgo
En esta etapa del operativo se cubrió una extensión de más de 168 mil metros cuadrados. En las labores participaron 415 servidores públicos y 22 familias buscadoras, en un esfuerzo conjunto para revisar a fondo esta franja que divide Tláhuac de la zona de Xico.
La cantidad de restos recuperados cambió por completo la dimensión del caso. A diferencia de otros hallazgos aislados, las 317 piezas óseas encontradas en el Lago de Chalco abren la posibilidad de que existan más víctimas ocultas bajo el lodo, la vegetación o en áreas todavía no procesadas con detalle.
Lo que sigue para identificar a las víctimas
Todos los restos fueron trasladados por personal de Servicios Periciales de la Fiscalía capitalina para iniciar los estudios correspondientes. La siguiente etapa se concentrará en los laboratorios de ciencias forenses, donde se realizarán pruebas de ADN para determinar a quién pertenecen.
Estos trabajos dan continuidad a lo ocurrido el viernes 10 de abril en Las Lagunas de la Habana, donde colectivos como Una Luz en el Camino ya habían advertido sobre la presencia de restos humanos. En esa primera fase se recuperaron 21 piezas óseas, hallazgo que llevó a ampliar el operativo y movilizar a más personal y más familias.
En la zona de Tláhuac-Chalco, marcada desde hace tiempo como foco rojo por casos de desaparición, las búsquedas siguen dependiendo en gran medida de la insistencia de los propios familiares. Para muchas de esas personas, cada resto encontrado no representa solo evidencia forense, sino la posibilidad de ponerle nombre a una ausencia que lleva años pesando.

