El economista y analista financiero Jorge Suárez-Vélez sostiene que el mayor riesgo para México no es solo el avance de Morena, sino la resignación de una parte de la sociedad que ya asume que el partido permanecerá durante años en el poder. En su columna de Reforma, el articulista plantea que el caso reciente de Hungría demuestra que incluso un régimen autoritario, con control institucional, uso faccioso del poder y ventajas estructurales, puede ser derrotado cuando el hartazgo social supera el miedo.

Suárez-Vélez pone como ejemplo la derrota del partido Fidesz, encabezado por Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. Según explica, Orbán gobernó durante 16 años bajo un modelo de “democracia iliberal”, debilitó contrapesos, cerró espacios a la oposición, persiguió adversarios y construyó una red de poder apoyada por oligarcas y aliados internacionales. Aun con ese aparato, fue frenado por una oposición que logró articularse alrededor de una causa común.

Para el analista, la victoria de Péter Magyar y del partido Tisza deja una lección directa para México: primero hay que creer que sí se puede derrotar a un oficialismo que parece inamovible. En su lectura, el triunfo opositor en Hungría no nació de una campaña perfecta ni de condiciones limpias, sino del cansancio acumulado de una población harta de corrupción, deterioro institucional, cercanía con Rusia y pérdida de calidad de vida.

A partir de ahí, Suárez-Vélez traslada ese espejo a la realidad mexicana. Asegura que los programas sociales han sido políticamente determinantes para Morena, pero advierte que no pueden sustituir indefinidamente la falta de medicamentos, el colapso educativo, la ausencia de movilidad social y el crecimiento de la corrupción. Su planteamiento es que la gente puede recibir apoyos y, al mismo tiempo, llegar al límite frente al deterioro general del país.

En su columna, el economista enumera varios factores que, a su juicio, explican el desgaste acumulado: el gasto de billones en obras que considera absurdas, los beneficios a amigos y familiares de la llamada 4T, la destrucción del aparato judicial para llenarlo con perfiles leales al régimen, la desaparición de contrapesos y los riesgos de que instancias como la UIF y el SAT puedan afectar el patrimonio de los ciudadanos sin garantías suficientes. También advierte sobre el peligro de poner los ahorros de los mexicanos, incluidas las Afores, al alcance de un gobierno que, en su visión, no ha probado capacidad para administrar proyectos rentables.

Suárez-Vélez también dibuja un panorama económico adverso. Señala que México seguirá estancado mientras no haya certeza jurídica, mientras el fisco sea percibido como mecanismo de presión y mientras persistan la escasez de energía, la falta de infraestructura y la desconfianza para invertir. En ese contexto, descarta que las asociaciones público privadas puedan resolver, por sí solas, la crisis estructural.

La conclusión de su texto es abiertamente política. Llama a recuperar a México empezando por apoyar a medios independientes y a organizaciones civiles que, dice, han quedado debilitadas por el miedo y la persecución fiscal. Para Suárez-Vélez, la pregunta de fondo ya no es si Morena puede ser derrotado, sino cuánto tiempo más están dispuestos los ciudadanos a comportarse como si no fuera posible.