Don Juanito salió a vender juguetes para ayudar a su esposa enferma… y dio una lección de empatía

Nadie le quería comprar juguetes a Don Juanito, era para ayudar a su esposa enferma

La noche previa al Día de Reyes suele ser una de las más movidas del año para quienes venden juguetes en la calle. Luces, prisas, niños ilusionados y padres buscando el último regalo. Pero esa misma noche, en Celaya, hubo una escena que contrastó con todo ese ruido y terminó tocando fibras muy profundas.

Don Juanito, un adulto mayor, pasó horas sentado detrás de un pequeño puesto improvisado sobre el bulevar Adolfo López Mateos, justo frente al mercado Hidalgo. Frente a él, una mesa con juguetes acomodados con cuidado. Detrás, una historia pesada que no se veía a simple vista.

Esperó. Miró pasar gente. Vio cómo otros puestos vendían. Y aun así, las ventas no llegaron. La noche avanzó y los juguetes seguían ahí. Apenas logró reunir alrededor de mil pesos, muy lejos de lo que necesitaba.

La razón por la que estaba ahí no era un gusto ni un antojo. En una transmisión en vivo que él mismo compartió en redes sociales, Don Juanito explicó que su esposa se encuentra enferma y que la venta de esos juguetes representaba una oportunidad para ayudar con los gastos del hogar y, sobre todo, con un tratamiento médico que no puede esperar.

Parte de la mercancía la compró con una inversión previa. Otra parte eran juguetes de segunda mano. Para él eso no importaba. Su intención era vender todo, incluso sin ganancia, con tal de juntar el dinero necesario para salir adelante en un momento complicado.

El lugar no era cualquier sitio. La zona suele llenarse de compradores durante la víspera de Reyes. Sin embargo, esa noche, la afluencia no se tradujo en ventas. Don Juanito permaneció ahí, firme, con paciencia, aunque la incertidumbre se notaba en su voz.

La transmisión comenzó a compartirse y algo cambió. Usuarios en redes reaccionaron de inmediato, no con morbo, sino con empatía. Los mensajes de apoyo se multiplicaron y, minutos después, la solidaridad dejó la pantalla y se volvió real.

Don Juanito, en Celaya

Ciudadanos de Celaya comenzaron a llegar al puesto. Compraron juguetes, le dieron palabras de aliento y, sobre todo, le recordaron que no estaba solo. Poco a poco, la mesa empezó a vaciarse y la noche, que pintaba para ser amarga, se transformó en un gesto colectivo de apoyo.

Gracias a esa respuesta, Don Juanito logró vender buena parte de su mercancía. No fue solo una ayuda económica. Fue un respiro emocional, un abrazo convertido en acciones.

La historia generó reconocimiento entre los usuarios, quienes subrayaron la importancia de apoyar el comercio local y de no ser indiferentes ante la situación de los adultos mayores, especialmente cuando la necesidad se presenta de frente y sin filtros.

Esa noche, en medio de juguetes y frío, Celaya recordó que la empatía todavía camina por sus calles. Y Don Juanito, sin saberlo, terminó regalando una lección que vale más que cualquier juguete.