A más de tres semanas del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, la contaminación sigue expandiéndose y ya afecta cientos de kilómetros de costa en Veracruz y Tabasco. Reportes recientes ubican la mancha sobre más de 600 kilómetros del litoral, con impacto en reservas naturales, playas y zonas arrecifales del suroeste del Golfo.
Aunque el primer foco suele ponerse en el daño a tortugas, peces, manglares y arrecifes, el riesgo no se queda en la fauna. El contacto humano con agua contaminada por petróleo también puede provocar efectos adversos inmediatos, sobre todo en personas que naden, permanezcan largo tiempo en playas afectadas o respiren vapores en zonas cercanas al derrame.
El petróleo es una mezcla compleja de hidrocarburos y otros compuestos que pueden irritar piel, ojos y vías respiratorias. De acuerdo con información técnica de la EPA y revisiones científicas sobre exposición a crudo, los efectos agudos más frecuentes incluyen ardor o enrojecimiento en la piel, irritación ocular, tos, dolor de garganta, mareo, dolor de cabeza y náuseas. La ingestión accidental de agua contaminada también puede detonar malestar gastrointestinal.
Qué le puede pasar a una persona si entra al mar con hidrocarburos
Nadar en agua contaminada con petróleo implica dos vías de exposición claras: el contacto directo con la piel y los ojos, y la inhalación de vapores o compuestos liberados cerca de la superficie. En periodos cortos, eso puede traducirse en irritación cutánea, conjuntivitis, molestias respiratorias, náuseas, mareos y vómito, especialmente en niñas, niños, personas asmáticas o con afecciones respiratorias previas.
Las autoridades mexicanas mantienen operativos de contención y limpieza mientras investigan el origen del derrame. La Marina informó esta semana que el evento habría sido provocado por una combinación de descarga desde un buque y emanaciones naturales del lecho marino; al mismo tiempo, Pemex participa en trabajos de contención y retiro de residuos en la costa.
El problema es que el riesgo no desaparece solo porque la mancha deje de verse intensa desde la orilla. Los residuos pueden permanecer adheridos en arena, rocas, algas y agua superficial, y seguir representando un peligro para quienes entren en contacto con ellos. Organizaciones y especialistas han advertido además que estas afectaciones golpean zonas donde viven comunidades pesqueras y donde el turismo depende directamente del buen estado del mar y de las playas.
En exposiciones prolongadas o repetidas, la literatura científica ha documentado asociaciones con problemas respiratorios persistentes, afectaciones dermatológicas y posibles daños en otros sistemas del cuerpo, aunque los efectos dependen de la duración, intensidad y tipo de compuesto al que estuvo expuesta la persona. La EPA señala que la evidencia de efectos de largo plazo por exposición breve es limitada, pero la recomendación sigue siendo evitar el contacto con crudo y con agua visiblemente contaminada.
Por eso, ante un derrame como el que hoy afecta al Golfo de México, la recomendación práctica es no nadar, no permitir que menores jueguen en la orilla contaminada y buscar atención médica si, tras el contacto, aparecen irritación intensa, dificultad para respirar, mareo o vómito. En este caso, el impacto ambiental ya es grave, pero el riesgo para la salud humana también merece atención inmediata.




