¡No hay imposibles! Don Jorge no ve, pero tiene un taller mecánico

Don Jorge

Esta no es una historia cualquiera. Es de esas que te sacuden el pecho y te recuerdan que rendirse nunca fue opción.

Un video del influencer y fotógrafo Sebastián Moreno se volvió viral tras mostrar la vida de don Jorge, un mecánico de Bogotá que quedó completamente ciego tras un accidente de tránsito… pero jamás abandonó su oficio.

Sí, leíste bien: no puede ver, pero sigue reparando motores, incluso de autos modernos.

Moreno llegó hasta su taller tras escuchar un rumor casi imposible de creer: “Hay un mecánico que no ve, pero trabaja mejor que muchos que sí”. Decidió comprobarlo y documentar su día a día. Lo que encontró fue una lección de disciplina, memoria, carácter y corazón.

Don Jorge no nació ciego. Empezó a trabajar desde los 12 años y a los 15 ya reparaba motores. Pero a los 36, un accidente cambió su vida para siempre.

“Me bajé de una volqueta y un tipo borracho me estrelló contra la puerta. Jamás volví a ver”, relata.

Durante seis meses pensó que todo había terminado. Creyó que su carrera como mecánico había llegado a su fin. Hasta que un día, un amigo dejó una camioneta descompuesta en su casa.

Lo llevaron hasta el auto. Tocó el cofre. Escuchó el motor. Sintió las piezas. Y encontró la falla.

Ahí entendió que la vista se había ido… pero su talento no.

Volvió a comprar herramientas, alquiló un pequeño taller y reconstruyó su vida usando lo que le quedaba: memoria, oído, tacto y una voluntad de acero.

Hoy reconoce herramientas con solo tocarlas. Calibra piezas, arma motores, diagnostica fallas y trabaja con autos de última generación guiándose por la experiencia acumulada durante décadas.

“El tacto mío es muy preciso. Con solo agarrar la herramienta sé cuál es. Tengo memoria fotográfica”, dice con orgullo.

Incluso toma clases para mantenerse actualizado. “Los carros nuevos ya los tengo en la cabeza”, asegura.

Pero lo más fuerte no son los motores que repara, sino las palabras que deja para quienes se rinden antes de intentar.

“No hay labores imposibles, sino hombres incapaces. Las grandes barreras solo las pasan los grandes hombres”.

Y remata con una frase que debería estar enmarcada en la pared de cualquiera que alguna vez pensó en rendirse:

“El mundo no se acaba. Si se cierra una puerta, entramos por la ventana. Si no, por el techo. Siempre hay una forma”.