El polvo que se acumula dentro de los hogares en México presenta niveles de toxicidad superiores a los registrados en países como Reino Unido y España, por lo que la limpieza constante y el buen estado de paredes, muebles y pintura resultan fundamentales para proteger la salud, señalaron especialistas del Laboratorio Universitario de Geofísica Ambiental (LUGA) de la UNAM.

Los investigadores Francisco Bautista Zúñiga, del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA), y Avtandil Gogichaishvili, del Instituto de Geofísica, Unidad Morelia, realizan un estudio sobre contaminantes tóxicos presentes en el polvo doméstico, a partir del análisis de muestras recolectadas en viviendas de 14 entidades del país.

Bautista Zúñiga explicó que la investigación comenzó con el estudio de polvo urbano y hojas de árboles, pero durante la pandemia por COVID-19 decidieron centrar el análisis en el polvo dentro de los hogares, un ámbito poco explorado en este tipo de estudios. La participación ciudadana fue clave, ya que habitantes de distintas ciudades recolectaron las muestras y proporcionaron información relevante, fortaleciendo el vínculo entre ciencia y sociedad.

Los resultados, publicados en la revista Indoor Air, revelan que en ciudades como Morelia y la Ciudad de México se detectaron concentraciones elevadas de metales pesados en el interior de las viviendas. En comparación con el exterior, el polvo doméstico mostró niveles más altos de manganeso, níquel, cobre, zinc, antimonio y plomo, lo que sorprendió a los investigadores.

“El hallazgo más relevante es que encontramos mayor contaminación dentro de las casas que fuera de ellas. La actividad cotidiana, como cocinar con gas, el desgaste de paredes, pintura y mobiliario, contribuye a la acumulación de contaminantes en el polvo interior”, detalló Bautista Zúñiga.

Los especialistas explicaron que muchos metales pesados están presentes en materiales de uso común. Por ejemplo, el cadmio y el arsénico se emplean en barnices para madera, mientras que el antimonio proviene del deterioro de plásticos y puede afectar el sistema endócrino, alterando la producción hormonal.

El polvo puede ingresar al organismo por tres vías principales: ingestión oral, inhalación y contacto dérmico. En este contexto, niñas, niños y bebés resultan especialmente vulnerables, ya que tienen mayor contacto directo con el suelo y las superficies, lo que incrementa el riesgo de enfermedades.

Avtandil Gogichaishvili añadió que la cocción de alimentos con gas genera partículas magnéticas como la magnetita, un óxido de hierro que también se deposita en el polvo doméstico. Además, el equipo ha documentado la presencia de contaminantes tóxicos en órganos de especímenes de laboratorio expuestos a ambientes urbanos, así como propiedades magnéticas en el cerebro humano.

Los investigadores compararon los datos obtenidos en México con registros de otras regiones del mundo, como España, Corea del Sur y ciudades de Estados Unidos. “Nuestros ensayos indican que el polvo urbano de la Ciudad de México es hasta tres veces más contaminante que el de varias ciudades del Reino Unido”, afirmó Bautista Zúñiga.

Ante este panorama, los expertos recomiendan realizar limpieza frecuente del hogar, mantener en buen estado la pintura y los muebles, limpiar cortinas con regularidad y, de ser posible, incorporar plantas en ventanas o interiores para atrapar metales pesados. También sugieren adoptar hábitos como cambiarse los zapatos al entrar a casa, práctica común en otros países.

Como parte de la difusión de estos hallazgos, en 2024 publicaron el libro Los metales pesados en ambientes urbanos: herramientas para el diagnóstico y estudios de caso en ciudades mexicanas, dirigido a estudiantes y disponible de forma gratuita en: https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/3861