El presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, volvió a encender la polémica. Esta vez, no por una confrontación en el pleno, sino por sus declaraciones dirigidas a los medios de comunicación.
Durante un discurso, el legislador de Morena acusó a los periodistas de actuar con “ruindad” por no salir en su defensa tras los recientes enfrentamientos en el Congreso.
Pero lo más grave vino después: lanzó una advertencia que se lee como amenaza.
“… Mañana serán ustedes los agredidos”, dijo Noroña en tono desafiante, dirigiéndose directamente a los medios.
¿Crítica o amenaza?
La frase ha generado indignación. Para muchos periodistas y analistas, lo dicho por Noroña no es una simple queja contra la cobertura mediática, sino una señal de autoritarismo que busca amedrentar a la prensa.
Lejos de reconocer su propia responsabilidad por sus actitudes confrontativas, el senador se victimizó y colocó a los medios como posibles blancos de agresiones futuras.
El riesgo para la libertad de expresión
En un país donde ejercer el periodismo es ya una profesión de alto riesgo, con más de 150 periodistas asesinados en las últimas dos décadas, declaraciones como las de Noroña resultan alarmantes.
La violencia contra la prensa no se puede banalizar ni usar como advertencia política. La función de los medios es cuestionar al poder, no aplaudirlo, y mucho menos someterse a amenazas.
Un patrón preocupante
La postura de Noroña encaja con un patrón ya conocido en Morena: desacreditar, intimidar o culpar a los medios cada vez que exhiben incongruencias, excesos o abusos de poder.
Lo que Noroña llama “ruindad” no es más que la libertad de prensa en ejercicio.
Si el presidente del Senado lanza advertencias a los medios por no “defenderlo”, ¿qué pueden esperar los ciudadanos comunes?
La amenaza no fue solo para la prensa. Fue para todos.