La narrativa de austeridad de Gerardo Fernández Noroña se desploma frente a la evidencia: su mansión de 12 millones de pesos en Tepoztlán fue adquirida en un terreno ejidal, donde los bancos no otorgan créditos hipotecarios, y ha estado recibiendo donaciones desde Estados Unidos, lo cual es ilegal.
1. Casa en terreno ejidal: ¿cómo obtuvo lo del crédito?
Noroña declara haber comprado una residencia de 1,201 m² en Tepoztlán mediante un “crédito hipotecario” y haberla incluido en su declaración patrimonial. Sin embargo, las autoridades de “Bienes Comunales” de Tepoztlán señalan que la propiedad está sobre terreno comunal, sin escrituras; por lo tanto, es imposible que un banco le haya otorgado un crédito legal.
Además, El Financiero estimó que para acceder a un crédito así, uno necesitaría ingresos declarados de entre 185,000 y 228,000 pesos mensuales, una cifra que desborda ampliamente los ingresos oficiales de Noroña como senador.
2. Donaciones en dólares: ¿legal para un servidor público?
Desde hace meses, Noroña ha recibido donaciones millonarias en su canal de YouTube mediante «super chats» en efectivo y divisas extranjeras, incluyendo dólares y pesos argentinos, provenientes de cuentas anónimas o con nombres extraños. Se calcula que en 2025 ha acumulado ingresos de cerca de 500,000 pesos por este concepto, a pesar de que como servidor público tiene prohibido recibir donaciones en efectivo o aportaciones no autorizadas.
Estos ingresos no están reportados íntegramente en su declaración patrimonial, lo que abre una ventana a posibles faltas de transparencia y conflicto de interés.
¿Por qué esto es tan grave?
Es preocupante que el presidente del Senado esté valiendo verdades a medias y manejos financieros opacos. La adquisición de una vivienda en terreno ejidal, financiada supuestamente con un crédito bancario inexistente, y la aceptación de donaciones monetarias anónimas ponen en tela de juicio no solo su congruencia, sino su legitimidad como servidor público.
Esto va más allá de un estilo de vida cuestionable: es un símbolo de opacidad y posible enriquecimiento sin justificación pública clara. Que un alto representante del Senado esté adquiriendo recursos desconocidos sin transparencia es una afrenta a la confianza ciudadana y al sistema democrático.