Francia comenzó este lunes 19 de octubre con toques de queda parciales, miles de detenidos y comercios destruidos después de uno de los fines de semana de mayor tensión social de los últimos años.
El primer ministro Sébastien Lecornu ordenó a los prefectos imponer restricciones nocturnas de manera “parcial” y “localizada” en las zonas más afectadas por los disturbios. París, Lille y Niza se encuentran entre las ciudades donde comenzaron a aplicarse medidas.
Por ahora, el gobierno francés descarta un toque de queda nacional y tampoco ha declarado el estado de emergencia, aunque Lecornu reconoció que esa posibilidad permanece abierta si la situación vuelve a deteriorarse.
La decisión llega después de las protestas nacionales del sábado 17 de octubre, convocadas principalmente contra el elevado costo de vida y a las que terminaron sumándose estudiantes, sindicatos y antiguos participantes del movimiento de los “chalecos amarillos”.
Las autoridades calcularon unos 550 mil participantes en todo el país; los organizadores elevaron la cifra a alrededor de 800 mil. Buena parte de las movilizaciones transcurrió pacíficamente, pero en distintas ciudades hubo enfrentamientos, saqueos, incendios y ataques contra edificios públicos.
El saldo dimensiona la gravedad de lo ocurrido.
El Ministerio del Interior informó de 2 mil 397 detenidos y 997 policías y gendarmes heridos. Un manifestante murió y cerca de 3 mil establecimientos comerciales sufrieron daños o saqueos, según cifras oficiales difundidas este lunes.
El presidente Emmanuel Macron pidió diferenciar entre quienes salieron a expresar demandas que calificó como legítimas y quienes participaron en actos violentos.
La pregunta que ahora atraviesa Francia es cómo una protesta por el costo de vida terminó llevando al país a imponer nuevamente toques de queda.
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De una protesta estudiantil al regreso de los “chalecos amarillos”
La movilización del 17 de octubre no nació de una sola organización ni tuvo una demanda única.
Una de sus raíces está en las protestas estudiantiles que comenzaron desde mediados de septiembre. Alumnos de preparatorias y universidades salieron a las calles para reclamar mejores condiciones de estudio, infraestructura y mayores recursos para la educación.
En paralelo apareció otra convocatoria.
A principios de septiembre comenzó a circular en TikTok un video que proponía una gran protesta nacional para el 17 de octubre, inicialmente relacionada con el aumento de los combustibles.
La publicación se volvió viral y terminó recuperando la simbología de los “chalecos amarillos”, el movimiento que sacudió Francia entre 2018 y 2019 después de comenzar precisamente como una protesta contra el precio de los combustibles.
Con el paso de las semanas, ambas inconformidades comenzaron a encontrarse.
El reclamo dejó de concentrarse únicamente en la gasolina o las escuelas. A la conversación se incorporaron el costo de los alimentos, la pérdida de poder adquisitivo, los servicios públicos, los salarios y el futuro económico de los jóvenes.
En redes sociales comenzó incluso a circular el término “gilets jeunes” —“chalecos jóvenes”— para describir la posible convergencia entre estudiantes y antiguos integrantes de los “gilets jaunes”.
Así llegó el sábado 17 de octubre.
En las calles coincidieron estudiantes, trabajadores, jubilados, organizaciones sindicales, movimientos de izquierda y participantes históricos de los “chalecos amarillos”. También aparecieron grupos sin dirigencia definida y personas convocadas exclusivamente a través de redes sociales.
En París, las autoridades habían prohibido las manifestaciones en determinadas zonas del centro. Aun así, pequeños grupos intentaron avanzar hacia lugares como el Palacio del Elíseo, la Plaza de la Concordia y la Ópera.
Los enfrentamientos fueron aumentando durante el día.
En Limoges fue incendiado el ayuntamiento; en Lyon hubo edificios y comercios vandalizados, mientras que en Marsella un grupo logró ingresar brevemente al edificio municipal. París también registró saqueos, vehículos incendiados y choques con la policía.
El gobierno desplegó alrededor de 60 mil agentes, pero las fuerzas de seguridad fueron superadas en algunos puntos. Laurent Nuñez, ministro del Interior, presentó su renuncia tras las críticas a la operación, aunque Macron decidió mantenerlo en el cargo.
Costo de vida, deuda y desgaste político: el contexto de la crisis francesa
El malestar que explotó este fin de semana tiene un trasfondo económico más amplio.
Francia atraviesa un periodo de crecimiento débil, presión sobre las finanzas públicas y fuerte discusión sobre cómo reducir su déficit.
El proyecto presupuestario para 2027 intenta contener unas cuentas públicas deterioradas mediante mayores ingresos y ajustes, en un escenario complicado por el aumento de las tasas de interés y la falta de una mayoría estable en el Parlamento.
A esto se suma el aumento del costo de vida.
Los combustibles volvieron a convertirse en un detonante simbólico, como ya ocurrió con los “chalecos amarillos” en 2018. Pero las actuales protestas incorporan también reclamos por vivienda, educación, salarios y deterioro de servicios públicos.
La crisis también encuentra a Emmanuel Macron en una situación política distinta a la que tenía durante sus primeros años en el poder.
La disolución de la Asamblea Nacional en 2024 dejó un Parlamento profundamente fragmentado y redujo el margen de acción del Ejecutivo. A pocos meses de la elección presidencial de 2027, el gobierno enfrenta además dificultades para aprobar presupuestos y encontrar consensos parlamentarios.
Los disturbios ya comenzaron a tener consecuencias financieras.
Este lunes aumentó la presión sobre la deuda francesa y la prima de riesgo alcanzó niveles que no se observaban desde 2012. Los mercados reaccionaron ante la combinación de inestabilidad política, déficit elevado y nuevos disturbios sociales.
El gobierno intenta ahora evitar que la situación vuelva a desbordarse.
Lecornu anunció apoyos para los comercios afectados y reforzamiento policial. También convocó a los servicios de inteligencia para revisar lo ocurrido durante el fin de semana.
Pero el movimiento tampoco parece terminado.
Organizadores vinculados con los “chalecos amarillos” ya convocaron a un “acto II” para el próximo sábado, mientras organizaciones estudiantiles mantienen sus propias movilizaciones.
Por eso, lo que ocurre actualmente en Francia rebasa las imágenes de escaparates destruidos y automóviles incendiados.
Detrás de los disturbios conviven protestas pacíficas, demandas económicas, reclamos estudiantiles y un profundo desgaste político. Los actos violentos representan una parte de una movilización mucho mayor, algo que incluso Macron ha reconocido al diferenciar a los manifestantes de quienes participaron en saqueos y ataques.
Los toques de queda pueden contener los disturbios durante algunas horas.
La dificultad para el gobierno francés será responder al malestar que llevó a cientos de miles de personas a las calles.

