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“Estrictamente Bipolar” es el título de un libro del psicoanalista Darían Leader (Ed: Sexto Piso, 2015) con el que el autor hace alusión a la tendencia actual del ser occidental a catalogarse como pacientes con diferentes y complejos tipos de bipolaridad pues pareciera que hay un diagnóstico disponible para cada uno de nosotros. Ser “Estrictamente Bipolar” implica haber tenido episodios de depresión mayor y/o episodios de manía en diferentes variaciones (de ahí que existan tantos diagnósticos de bipolaridad).

Según el DSM IV TR la depresión conlleva algunos de estos síntomas o todos: estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, con sensaciones de tristeza o vacío, y con irritabilidad en los niños o adolescentes; disminución para obtener placer en casi todas las actividades que antes lo generaban; cambios en el peso corporal por la falta o el aumento de apetito; mucho sueño o insomnio; fatiga; sentimientos de inutilidad; ideas de muerte; dificultades para concentrarse y deterioro en las actividades cotidianas.

Por otro lado, el episodio maniaco implica un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, que dura al menos una semana. Este se puede acompañar de autoestima exagerada o grandiosidad; disminución de la necesidad de dormir; que el individuo esté más hablador de lo habitual, tenga fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado; distraibilidad; aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios, o sexualmente) o agitación psicomotora; implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej., realizar compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o inversiones económicas alocadas).

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Lo interesante de este libro es como Leader engarza  este diagnóstico con los tiempos posmodernos que estamos viviendo. Escribe que si la época de postguerra fue “la era de la ansiedad” y las décadas de 1980 y 1990 fueron las decadas de los antidepresivos, hoy por hoy vivimos en tiempos bipolares. Cierto es que ahora se calcula que una cuarta parte de los estadounidenses padece alguna forma de bipolaridad, y que la utilización de fármacos para estabilizar el estado de ánimo en adultos a aumentado 400 % y en niños ¡4000 %! Esto desde mediados de los 90´s.

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Lo más llamativo es que concuerda con el filósofo coreano Byung-Chul Han quien dice que en estos tiempos de sobre exigencia, uno tiende a autoexplotarse para ser cada vez mejor y más eficaz, desde la necesidad de alcanzar un ideal narcisista. Como si fuese una instalación de cables electrificados que todo el tiempo está a tope de energía, el ser humano tiende a caer en el desgaste, en el burnout: se quema. El resultado es la depresión, y más aún, la depresión narcisista por no poder estar cumpliendo constantemente con los ideales de perfección.

Por eso dice Darien Leader que el trastorno bipolar es un “empeño ilimitado con la productividad, la fama y el éxito, que convierte a los seres humanos en meras piezas de recambio, desechables, y tiene graves repercusiones en nuestra salud mental.”

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