Por Sebastián Favela Miranda
Director General de OCEL Global S.A. de C.V.

Recientemente, el paisaje no pinta bien para México ni para el mundo. Por una parte, en México tenemos en puerta una recesión, y por el lado de Latinoamérica siguen reduciéndose las expectativas de crecimiento de un 0.6 a un 0.3% para 2019.

Lo anterior, Moody’s, por ejemplo, lo atribuye a la falta de reformas estructurales progresivas, así como a la constante inestabilidad política de la región: México parece ser el que arrastra las expectativas hacia el polo negativo, sin embargo, ¿qué oportunidades encontramos en medio de toda la crítica, la presión y la incertidumbre?

Hace unos días la Secretaría de Hacienda y Crédito Público disminuyó su proyección de crecimiento del PIB del 2%, a una banda entre 0.6-1.2%, situación que, si bien no tranquiliza a los mercados, confiamos en que el Gobierno de México está poniendo en marcha un plan de reestructuración que tardará algunos meses más en surtir sus primeros efectos. ¡Debemos confiar en que sí se puede pensar distinto!

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Si bien las autoridades estiman “que el fortalecimiento del mercado interno, la creación de empleos, el repunte del crédito y la inversión en infraestructura pública y privada generarán un mayor dinamismo durante el año”, para muchas personas todavía resulta muy difícil pensar que las cosas van a cambiar.

No se trata de estrangular al sector económico, se trata de introducirlos en una nueva dinámica en donde las reglas cambiaron: no está permitida la corrupción y no está permitido el saqueo.

Esto esquematiza un síntoma de lo complicado que puede tornarse para algunos sectores, y también es claro que estamos frente a manejos y flexibilidades que seguirán haciendo que los mercados entren en shock y que muchas de las decisiones de los compradores se tomen con desconfianza.

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Sin embargo, esta nueva generación de empleadores debemos ser audaces, cuidadosos y moralmente responsables para traducir las oportunidades en múltiples beneficios para las familias de quienes colaboran en nuestros proyectos a diario.

En mi industria, la del acero, hoy más que nunca debemos ser inteligentes a la hora de interpretar el mercado y los nichos de aprovechamiento del desarrollo de la industria. No porque los precios vayan a la baja significa que es el fin de mundo, ni por que vayan al alza que las cosas van a estar mejor; son contextos, son historias particulares con comportamientos particulares.

Por ello, mantenernos optimistas nos ayudará a descubrir y aprovechar nuevas oportunidades, y así, enfrentar una crisis ser conscientes de nuestras opciones, de nuestra realidad y de nuestra capacidad y talento para aprovecharlas, apalancarnos y resolverlas.

¡Las cosas van a estar mejor!

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