Hoy no es nada raro el querer extender la vida de las franquicias cinematográficas de las formas más inverosímiles. Las que se basan en libros dividen un solo volumen en dos o tres filmes para sacarles el máximo jugo. Las sagas que se ganan un lugar basado en méritos deciden que narrar la historia previa en forma de precuelas justifica cualquier reimaginación de sus mitos. Y hay otras que simplemente se dedican a reciclar fórmulas y a hacer coctelería argumental con las historias previas como ingrediente base.

¿Adivina a cuál de los anteriores ejemplos pertenece ‘Jurassic World: El reino caído’ (‘Jurassic World: The Fallen Kingdom’, d. J. A. Bayona)? No te tortures mucho pensando, no vale la pena: esta quinta película en la saga que originó Steven Spielberg a principios de los años 90 sigue rindiendo frutos mediante la mescolanza de premisas y momentos vistos con anterioridad.

En este caso tenemos ante nosotros la isla poblada de dinosaurios que vimos caer en el caos durante los eventos de ‘Jurassic World’ en 2015. Existe un gran dilema sobre qué hacer con ellos, pues el volcán que formó la isla ha entrado nuevamente en actividad, y amenaza con achicharrar a los colosales reptiles en un nuevo evento de extinción. La lógica dictaría que hay que dejar a la naturaleza seguir su curso y no interferir (como nos lo recuerda un prominente personaje de las películas originales en su breve cameo), pero Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) tiene otros planes.

A Claire la recordamos por pasar la película anterior corriendo con tacones altos como si fueran sandalias deportivas de alto rendimiento, y ahora por pasar de tenaz administradora del malogrado parque de dino-versiones (¿vieron lo que hice ahí?) a una activista que busca la protección de los dinosaurios. Sus esfuerzos por salvar a las colosales bestias no generan mucho interés, quizá porque a la gente le suena raro “proteger” y “salvar” a especies que hace tres añitos se merendaron a una bola de turistas como tú comiendo botana mientras le echas porras al Tricolor en Rusia.

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¡No todo está perdido! Resulta que un viejito multimillonario excéntrico (James Cromwell) que además era gran amigo y colaborador del otro viejito multimillonario excéntrico de la original ‘Jurassic Park’ aparece convenientemente en la historia, ofreciendo recursos considerables para que Claire emprenda su expedición de rescate.

La pelirroja rescatista animal y dos compañeros (Daniella Pineda y Justice Smith) se unen al contingente de mercenarios reclutados por el multimillonario para rescatar a cuantos dinosaurios le sea posible de la destrucción volcánica. Uno de los dinosaurios es particularmente valioso: Blue, la inteligente velocirraptor del filme precedente, quien fue entrenada por Owen Grady (Chris Pratt). Lógicamente las cosas marcharían mejor si Owen mismo participase del rescate, así que nuestro héroe pronto se incorpora a la misión.

‘Jurassic World: El reino caído’ divide su historia en dos grandes escenarios: el primero es Isla Nublar, sitio del rescate de las especies amenazadas. Ahí se desarrollan muchas de las secuencias de acción anticipadas para una película de esta saga, y es justo decir que pueden ser muy efectivas. Sin embargo, un giro inesperado (bueno, eso querían que fuera) en la trama nos hace trasladarnos a otro destino distante, la enorme propiedad donde el mecenas de la operación recibe a los reptiles que se salvaron de la lava, pero no con los nobles fines que anticipábamos. Oh, no, amiguitos: todo indica que hay un enorme interés por las milicias y misteriosos gobiernos globales por hacerse de dinosaurios “de combate”, y es de esta manera como la historia da un vuelco bastante tonto en busca de justificar más secuencias de acción tensionales, más premisas conspiranoicas y más razones vacías para asegurar unas cuantas secuelas más.

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En este punto hay que preguntarnos si es un crimen tan grande el afán de lucrar con una licencia de este tamaño, sacrificando la poca o nula credibilidad que aún le quedaba al nombre. Creo que desde ese punto de vista es válida la propuesta (por irreal y redundante sea su esencia), así que irás reconociendo varias escenas y posturas adoptadas por las películas antecesoras, con la mente tranquila pues no estarás aprendiendo NADA sobre los dinosaurios reales. En serio, este filme además se da el lujo estúpido de crear otra vez una especie variedad biológica nueva: el indoraptor, que es como una cruza entre un velocirraptor, un tiranosaurio rex, un gallo copetón de pelea y un malo genérico de película de James Bond.

Resulta un poco triste ver que esta película sucumbe sin oponer resistencia a tanto cliché y a tanto crimen argumental, pues el director Bayona (‘El Orfanatorio’) es un realizador capaz de crear escenas auténticamente memorables. Hay una en particular donde un imponente braquiosaurio es rodeado por la lava del volcán, cuya simple pero eficaz emotividad nos hace creer en que había el potencial de lograr algo más relevante.

Pues no. Mi veredicto final para ‘Jurassic World: El reino caído’ es el siguiente: como entretenimiento cumple su función, pero como película resulta innecesaria e intrascendente. Cuando nuestros héroes se encuentran ante la disyuntiva de apretar un botón que libere a los dinosaurios y les haga integrarse al mundo cotidiano, so pena de ser aniquilados por una nube de cianuro, no hay NADA que te haga durar de que harán lo que es… más redituable para los estudios, a largo plazo. Nos vemos en la tercer ‘Jurassic World’ dentro de un par de años, quedan advertidos.

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