Los jóvenes que se autolesionan suelen tener graves problemas emocionales; no se trata de una conducta que tiene por objeto llamar la atención de sus padres o amigos. Hablar de autolesiones es entender que estamos pisando un terreno complejo y de difícil manejo, por lo que es indispensable que solicitar ayuda especializada.

Las autolesiones o cutting es una práctica que consiste en cortarse compulsivamente en algunos partes del cuerpo con objetos punzo cortantes como lo pueden ser una navaja, cutter, tenedor, llaves,  compás y demás objetos que producen pequeñas incisiones generalmente en brazos, piernas y estomago.

Las auto lesiones muestran claramente la existencia de un dolor emocional o de una tensión o angustia insoportable, pero también de una gran dificultad para identificar y expresar por otras vías esas emociones. Es en este punto en donde el cuerpo funciona como un medio de expresión del dolor, tensión y angustia; es decir, las autolesiones son una forma de comunicar algo a los otros, de poner en el cuerpo el sufrimiento emocional.

Una característica de las autolesiones es que cortarse tiene que ver con desahogar algo, y que no tienen una intención suicida, aunque eso no elimina que la práctica pueda poner en riesgo su vida.

Existen otras formas de autolesión más allá del cutting que tienen que ver con quemarse, golpearse, morderse, entre otras formas de conductas autodestructivas y que también están relacionadas con psicopatología, y con la búsqueda de un equilibrio afectivo, así como una forma de poner un freno frente a la dificultad de controlar sus impulsos.

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La autolesión se relaciona con estados emocionales intensos, alcanzando un estado máximo donde el adolescente siente que si no canaliza las emociones, puede explotar. Sus orígenes pueden ser angustia, enojo, culpa, frustración, sensación de impotencia, etc. a los que le sigue un acto impulsivo que no da tiempo a la reflexión. Este acto que requiere de un muy preciso control en la incisión, resulta paradójico en relación con el descontrol impulsivo que le da origen; otra paradoja estriba en que su meta es terminar con el sufrimiento interno, aunque eso signifique atacar su propio cuerpo y padecer dolor físico. Los adolescentes que recurren a estas prácticas describen que cortarse les da la oportunidad de liberar los afectos intolerables produciendo un alivio y una sensación de bienestar inmediato. Evidentemente este alivio es transitorio ya que  rápidamente aparecen fuertes sentimientos de culpa y vergüenza que inducen a esconder las lesiones y a no hablar de su problema.

Aunque resulte poco comprensible para un padre de familia, la autolesión a pesar de todo lo que ya se planteó, también implica un mecanismo en el que el adolescente encuentra un mayor contacto consigo mismo y con el exterior, y una posibilidad de diferenciar el sí mismo del entorno, y por lo tanto a tener un mejor juicio de la realidad.

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De nuestro libro “MISIÓN IMPOSIBLE: Cómo comunicarnos con nuestros hijos adolescentes” de Martha Páramo y Alexis Schreck, Ed. Grijalbo (en proceso de edición).

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Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.'

Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015

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Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.' Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015