Comiendo que es gerundio

Cuando mi papá y yo salíamos a comprar animales, mejor dicho, cuando mi papá salía a comprar animales, yo me pegaba como garrapata en perro flaco, pues sabía que era seguro que el tiempo que se tardara fuera de la casa era seguro andar comiendo en plazas, mercados y puestos callejeros de los lugares que visitáramos.

—¿Ora que quieres de comer? –me preguntó mi apá mientras se frotaba las manos por el frío- ya hay que comer pa no andar de malas, porque “Cuando comemos, qué buenos semos; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!”

—¿Qué tal un caldito apá –le dije?

—¿De res con salsita de molcajete?

—¡Así merengues!

Los mercados de casi todos los pueblos están en la misma ubicación, así que está por demás preguntar dónde está el mercado, es cuestión de seguir el instinto de tragón… decía mi apá.

Cuando llegábamos al mercado, mi pá se detenía, comenzaba a inspeccionar al estilo “terminator” (y eso que todavía no había salido la película) y de repente decía:

—¡Allá!, allá ha de estar sabroso.

Llegamos a un puesto donde estaba una señora gordita, sonriente; nos sentamos en una larga banca larga de madera pintada de verde, frente a nosotros una mesa del mismo material con un mantel de cuadritos.

—Buenas señora –saludó mi papá y yo lo secundé.

—Buenas les de Dios…. ¿Son juereños? –nos preguntó la señora sin dejar de sonreír.

—¡A caray!, ¿cómo lo notó? –preguntó mi papá.

—Pos porque habla diferente, además acá todos nos conocemos… ¿Qué van a querer?

—¿Tendrá un caldito de res?

—Si señor… oiga, ¿quiere el caldo del de hoy o del de ayer?

—No, pos del de hoy Doña –contestó mi papá.

—¡Ah!, pos tons vengan mañana –dijo la Doña con tremenda carcajada.

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Mi padre también se aventó una sonora carcajada y se quitó el sombrero.

—No se crean, si nomás es puro “rebane” -dijo la señora- nomás que llegaron temprano, pero en unos 15 minutitos está el caldo listo, mientras tengan, para que vayan matando el hambre.

Y como “Comida sin chile no es comida”, la Doña nos puso en la mesa un molcajete de una deliciosa salsa, obvio molcajeteada, y a un ladito, tortillitas quemaditas para ir abriendo apetito, comenzamos a entrarle a las doraditas, cuando frente a mis ojos vi su mano extendiéndome una tortilla de maíz recién hechecita, si, a mano; y como no me gusta dejar a la gente con la mano estirada, tomé la tortilla y le embarré de la deliciosa salsa molcajeteada, mordí mi improvisado taco, cerré los ojos y comencé a flotar.´

A los pocos minutos, el lugar estaba abarrotado, había gente de pie, pero afortunadamente, nosotros ya teníamos enfrente de nosotros un señor plato de caldo de res, su buen trozo de carne, verduras, elotito y su hueso con tuétano, si, solo para conocedores, por que han de saber que “la carne con hueso es lo mejor del caldo”.

Como ser un buen tragón (Las primeras enseñanzas Jedi)

Mi apá era una especie de Yoda para la vida, era sabio y sabía de todo, pero si era de comida y bebida, nadie le ganaba.

—Apá, ¿cómo supo que ahí estaba sabroso?

—¿Pos que no viste a toda la gente?

—Pos si, pero cuando llegamos no había nadie.

—Pos no, pero es que tú no te fijas en nada.

Mi apá me explicó que él se fijaba en varias cosas.

—Primero, fíjate que tenga varias mesas o lugares para sentarse, eso es señal de que seguido llega gente, y no están espantando las moscas.

—¿Y cuándo el lugar es como los tacos de barbacoa dónde no hay sillas ni mesas?

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—Llega onde hay más gente, ha de estar sabroso.

—¿Y si no está tan sabroso? –cuestioné.

—Pos señal de que pocos se han enfermado de ahí y regresan.

—¿Ya con eso sé que está sabroso?

—No mijo, falta lo mero principal.

—¿Qué apá?

—Pos que se debe fijar en la cocinera.

—¿En la cocinera?

—Si la cocinera de la fonda no está gordita o no tiene brazos de “gordera”, mejor no le entre a la comida, porque de esa comida la hace cualquiera.

—¿En serio?

—Pos no sé, pero su abuelo decía que no se debe confiar de la cocinera flaca, y pos su abuelo no era ningún pendejo.

«A comer y a misa una vez se avisa»

Mi apá tenía varias frases, que equivalían a su oración para dar gracias por los alimentos, una era: “Apaláncate Matías que de esto no hay todos los días”, otra era: “Ora es cuando chile verde has de dar sabor al caldo”, también la de “Atácate bandolón ora que hay tocada”, había otras que hablaban sobre la comida como aquella frase de “La mujer debe de ser buena tanto en el metate como en el petate”, pero esa la entendí muchos, muchos años después.

Y no es por presumirles, pero hay ocasiones como la de hoy, en las que para almorzar tengo frente a mí un delicioso y exquisito menudo rojo lagunero, si de la bendita Comarca Lagunera, y como “A la mesa y a la cama solo se llama una vez”, prefiero cortar aquí y no me vayan a dejar sin almorzar.

 

 

¡ Hasta la próxima semana ¡

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Foto:MexicoDesconocido

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