Hola, no te asustes, si encuentras esta carta es que seguiste mis instrucciones y guardaste esta carta en la vieja caja metálica de galletas, la sellaste con cinta blanca de hospital y le pintaste en la tapa la leyenda: “No se abra hasta el 2016”.

¿Cómo está tu vida de adulto?, ¿Ya cumpliste tus sueños?, bueno, mejor dicho, nuestros sueños?, no sé si te acuerdes, pero te encantaba pasear por el campo y dijiste que un día tendrías un hermoso caballo como el que tenía tu padre y perros, muchos perros para que te siguieran en el camino y al regresar  casa te encontraran.

¿Y aquellas ideas de ser detective, reportero y escritor?, ¿cómo van?, bien que me acuerdo que a los ocho o nueve años comenzaste a escribir calaveras, en aquella máquina de escribir Lettera 22, era como un verde azulado, la que sacabas de su estuche azul cielo con negro.

¿Recuerdas por qué dejaste de escribir aquella tarde?, yo sí, llegó uno de tus tíos y te preguntó que hacías con la máquina del abuelo, tú le contestaste que escribías calaveras, le mostraste una de las hojas, emocionado, él la tomó y la leyó, luego se rio y te dijo fríamente: “Esta calavera no sirve, está muy larga y no da risa…además la cinta está muy cara, no la desperdicies en tonterías”… tu corazón, nuestro corazón se rompió en ese momento, tomaste las otras hojas que ya estaban tecleadas e hiciste lo mismo, las rompiste y dijiste para ti mismo: “No sirvo, no debo escribir tonterías”

No quiero avergonzarte, pero también dijiste que si un día te casabas tendrías puras niñas, “quiero ser el rey de la casa”, le dijimos a la Abuela Licha, ella sonrió y te dijo que no era lo que tu quisieras, sin lo que la vida te diera, pero que ella estaba segura que siendo tus retoños, fueran hombres o mujeres, igual les ibas a querer.

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¿Y tus promesas? ¿ya las olvidaste?, aquella vez que le pediste a nuestro padre que nos llevara al partido de beisbol y contestó: “Este domingo no, después, hay mucho trabajo, cuando se termine todo esto, vamos”, si, esa tarde prometiste que siempre tendrías tiempo para hacer lo que te gustaba, que jamás ibas a permitir que el trabajo fuera antes que vivir…al menos que fuese en el diccionario.

También dijiste que nunca regañarías a tus hijos porque dolía el alma, y no querías eso para ellos, que les dirías a cada rato cuando los querías y los ibas a abrazar a la primera provocación de tu corazón, nada para después, todo para hoy.

Platícame, ¿sigues igual de bueno con el trompo y el yoyo?, ¿a poco no eran los mejores juguetes del mundo? Pero dime una cosa, ¿verdad que lo que más te hacía feliz no eran los juguetes sino los amigos?, o como cuando ibas a los partidos de beisbol con tu papá, el simple hecho de estar a su lado, que te explicara las jugadas, verlo como se emocionaba durante el partido, que te preguntara: “¿quiere un refresco y unas semillas mijo?”, o como cuando le gritaba al señor de los lonches que te trajera uno de aguacate con queso sin preguntarte, porque él ya sabía que eso te gustaba, ese tiempo, aquel tiempo, hoy, a la distancia vale oro….¿a poco no?

Amigo, yo, tú, no quiero regañar, pero me gustaría darte un par de consejos que quizá te puedan servir y  ojalá no sea demasiado tarde esta carta.

Corre aunque no tengas a quien perseguir, hazlo en un parque, en el campo, pero no corras por el trabajo, en contra del reloj o de las distancias, corre por el simple deseo de correr, sin ningún motivo,  grita de felicidad, corre debajo de la lluvia, mójate en los charcos, toma una trozo de paja o una ramita de un árbol y póntela en los labios,  luego tírate en el césped, en la arena, y ahí busca formas en las nubes.

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Acaricia como antes a cuanto perro encuentres, camina al a lado de tus amigos sin hablar, solo siente su compañía, o móntate en la bicicleta y dale a ningún lado, hasta que te canses, como lo hacías cuando se iban a los arenales, y cuando tengas sed, toma agua de alguna manguera.

Ríe, ríe de todo aunque te digan loco o simple, que es ahí donde se diferencias los locos de los cuerdos, porque los locos son aquellos que no tienen nada de que reír, porque la risa es el reflejo de que el espíritu y el alma están sanos.

Perdona, perdona al todo el mundo, ¿recuerdas como peleabas con tus hermanos o amigos y a la hora ya eran los mejores amigos?, pues así de sencillo, no guardes rencores, que nadie quiere tener almacenada agua sucia en su propia casa.

Porque amigo, la vida se disfruta más cuando vives el momento, que al final de cuentas de eso está hecha la vida, de trocitos llamados minutos, y el resultado final, somos nosotros, somos precisamente eso, la manera en la que vivimos, en la manera en la que vemos la vida.

 

¡ Hasta el próximo  Sábado !

 

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