Divorce

¿En tu círculo cercano conoces parejas divorciadas con hijos de por medio? ¿Sabes si estos niños han experimentado un cambio de conducta a raíz de la separación de sus padres?

Parece extraña la pregunta porque comúnmente nos enfocamos en los amigos que se divorcian, ya sea que ambos sean nuestros amigos o sólo uno de ellos, pero es con los adultos con quienes conversamos y en algunos casos los ayudamos a superar la ruptura.

Pero los hijos son un tema donde usualmente no logramos tener la misma eficacia al momento de aconsejar, pues necesitaríamos conocer de viva voz lo que estos niños o adolescentes están sintiendo y pensando en ese momento. Algo complicado si consideramos que incluso ellos no tienen mucha claridad al respecto.

En torno a un divorcio siempre existen los temas legales: la separación de bienes, si hay pensión para alguno de los cónyuges, custodia compartida de los hijos, régimen de visitas, etc. Y supuestamente dentro de todos estos arreglos se vela por los derechos de los hijos de una pareja que se divorcia. ¿Pero será cierto que esto es así?

La psicóloga californiana Judith Wallerstein está considerada entre sus colegas como la máxima autoridad en el tema de hijos de padres divorciados gracias al seguimiento que ha realizado de manera ininterrumpida desde el año 1971 en 21 casos diferentes. La conclusión de Judith Wallerstein es la misma: el divorcio tiene consecuencias devastadoras en los hijos.

Para dar semejante afirmación, Judith Wallerstein se basa en 21 hijos de padres divorciados que hoy son adultos ya. Desde que inició la investigación, la psicóloga ha publicado dos libros y numerosos informes periódicos detallando qué ocurre cuando una pareja se divorcia, entre ellos y con relación a su familia más directa.

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En primer lugar, la doctora Wallerstein desmiente que el trauma del divorcio tiene su punto más crítico durante el tiempo inmediato a la separación de los padres. Afirma que el trauma vivido por los hijos de padres divorciados se prolonga a lo largo de los años y les dificulta afrontar los cambios propios de la adolescencia.

Wallerstein asegura que lo mismo ocurre con las primeras relaciones amorosas de estos adolescentes, que se ven conflictuadas por temores derivados de la experiencia traumática de tener padres separados o de haber sido conscientes del momento de la ruptura y sus correspondientes escenas, es decir peleas o hasta violencia física y verbal.

En su libro más reciente “Ley y Divorcio”, Judith Wallerstein aporta conclusiones contundentes sobre el perfil psicológico de los hijos de divorciados, específicamente de los 21 casos que ha seguido desde 1971 y de los múltiples pacientes que ha tratado en su carrera profesional:

  • El 25% de estos pacientes no ha terminado el colegio o nunca logró terminar siquiera una carrera.
  • El 60% requirió tratamiento psicológico de manera directa, contra un 30% que lo necesita y se atendió de manera indirecta, pero sin un seguimiento adecuado por decisión de éstos.
  • El 50% tuvo problemas de adicción al alcohol o a las drogas antes de los 15 años.
  • El 65% tiene una relación conflictiva con el padre y sólo el 5% ha recibido ayuda económica sustancial por parte de éste.
  • A pesar de que todos superan los 30 años, sólo el 30% se ha casado.
  • Del total de casados, el 50% ya se ha divorciado.
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Las cifras hablan por sí solas y representan problemas psicológicos de fondo, pues aunque las reacciones al trauma son diferentes y variadas, existen algunas constantes como el sentimiento de culpa, en el que los hijos se preguntan si el divorcio es por ellos. También experimentan irritación, malhumor y una gran incapacidad o desconfianza para expresar sus verdaderos sentimientos.

En su libro, la doctora Wallerstein propone algunos cambios fundamentales en la legislación del divorcio, recomendando que los hijos sean tomados en cuenta al momento de elegir cuándo y cómo deben encontrarse con los padres que no vivirán con ellos.

La razón de esto es que la principal fuente de los traumas en hijos de divorciados está en la sensación de considerarse un “paquete” que cambia de manos con una periodicidad que no respeta los ritmos afectivos del niño.

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Después de escuchar los datos en este periodismo de vida, te pregunto:

¿Consideras que la ley en verdad protege a los niños de padres divorciados? ¿Protege su integridad emocional o imparte las mismas normas en todos los casos? ¿Eres hijo de padres divorciados y pasaste por lo que acabo de exponer?

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