Amplia coordinación UNAM-Protección Civil favoreció informar oportunamente sobre la tormenta solar

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Aunque no es posible saber cuándo ocurrirá otra tormenta solar, el Sol se encuentra en su máxima actividad entre 2024 y 2025. Por ello, científicos del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM lo monitorean de manera permanente y trabajan junto con instancias gubernamentales para tener más datos científicos de estos fenómenos.

En la conferencia de prensa Reporte de la tormenta geomagnética Día de las Madres por el Laboratorio Nacional de Clima Espacial, realizada en el auditorio Ricardo Monges, del IGf, José Luis Macías Vázquez, director del IGf, informó que los servicios Magnético y de Clima Espacial de esa entidad académica registraron la tormenta solar ocurrida el 10 de mayo.

“El Servicio Magnético cuenta con más de 100 años de historia, y se encarga de medir las oscilaciones del campo magnético de la Tierra, mientras que el Servicio de Clima Espacial, con 10 años de antigüedad, mide la actividad solar y las tormentas solares en territorio mexicano o en el planeta”, destacó.

Juan Américo González Esparza, jefe del Servicio de Clima Espacial del IGf, explicó que son explosiones que ocurren en la superficie del Sol y liberan enormes cantidades de luz y también pueden impulsar nubes que, en caso de propagarse en dirección a la Tierra, interaccionan con su campo magnético produciendo una perturbación global que se conoce como tormenta geomagnética o solar.

“¿Qué tenemos que hacer? Estar monitoreando la actividad del Sol y del medio interplanetario, así como la respuesta del campo magnético de la Tierra. Y aunque estos son fenómenos globales, cada región del mundo tiene características diferentes, por eso el país requería de un monitoreo de las tormentas solares y sus efectos en la Tierra. En 2014 el IGf creó el Sistema de Clima Espacial, que está informando al Sistema Nacional de Protección Civil de la ocurrencia de tormentas solares que pudieran afectar significativamente la región de México”, añadió.

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González Esparza agregó que puede afectar cinco sectores tecnológicos estratégicos: satélites, telecomunicaciones, sistemas de posicionamiento global (GPS), navegación aérea y redes de generación y distribución de energía eléctrica.

Y aclaró que aunque no se puede predecir cuándo ocurrirá otra tormenta solar, el ciclo solar está en máxima actividad entre 2024 y 2025.

En tanto, Juan Esteban Hernández Quintero, jefe del Servicio Magnético, puntualizó que en esta instancia no realiza una labor de alertamiento (como los de Clima Espacial), pero tienen la responsabilidad de medir el campo magnético de la Tierra de manera permanente. “El 10 de mayo llegó una tormenta que superó los índices más frecuentes de estos fenómenos”.

Abundó que la ventaja es que en el Servicio Magnético tienen 110 años de estar midiendo tormentas solares y otros fenómenos que afectan el campo magnético de la Tierra, por lo que cuentan con datos de 12 ciclos solares ocurridos en decenas de años.

El director del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), Enrique Guevara Ortiz, subrayó que la del 10 de mayo no tuvo afectaciones importantes en telecomunicaciones, y produjo auroras boreales en 18 entidades del país.

Recordó que en 2014 se modificó la Ley General de Protección Civil y se reconoció, dentro de los eventos perturbadores, a los fenómenos astronómicos. Desde entonces, la Agencia Espacial Mexicana y el CENAPRED conformaron un grupo asesor del Sistema Nacional de Protección Civil, en el que participan instancias académicas y gubernamentales.

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El funcionario adelantó que está próxima a publicarse una guía de gestión de riesgos ante fenómenos astronómicos.

Pedro Corona Romero, investigador del IGf adscrito al Sistema de Clima Espacial, refirió que esa instancia ha establecido alianzas estratégicas para incrementar la cobertura de datos científicos en el país, además de que desarrolla tecnología para medir lo que ocurre.

Fue un evento “moderadamente fuerte” y manifestó que Carrington (una tormenta solar histórica ocurrida en 1859) fue, al menos, del doble de intensa que esta.

En su participación a distancias desde Michoacán, donde se ubica el Servicio de Clima Espacial, la investigadora adscrita a esa instancia, María Sergeeva, reiteró que las mediciones permiten entender la respuesta a la alta atmósfera ante fenómenos solares.

Enfatizó que la alta atmósfera emite muchos electrones, y cuando hay eventos drásticos como las tormentas solares se producen efectos en diferentes tecnologías modernas. “Por ejemplo, en comunicaciones por radio, en telecomunicaciones, en señales satelitales, etcétera”.

Luis Javier González Méndez, también investigador del Servicio de Clima Espacial y quien participó a distancia, externó que en ese sitio se miden flujos de rayos cósmicos.

La tormenta solar recién ocurrida fue una gran eyección de masa coronal y resaltó la importancia de tener datos locales de estos fenómenos. “Gracias a nuestros equipos pudimos dar el aviso de la tormenta solar con tiempo”.

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