Por Carlos Armando Rodríguez

La periodista de vida establece un precedente en el Derecho de Autor en México, a pesar de las omisiones y la ineficacia del INDAUTOR.

Después de tres años de luchar en los tribunales, Fernanda Familiar obtuvo una sentencia a favor en el juicio entablado contra Cyclus Producciones, por explotar, sin autorización y ventajosamente, el título y la imagen del libro “El tamaño sí importa”, escrito por la periodista en el año 2008.

Desde su primera edición, “El tamaño sí importa” se convirtió en best seller. Aunado a este éxito editorial, se suman sus 34 años de trayectoria profesional en radio y televisión, siendo además, la periodista con mayor presencia y aceptación a nivel nacional, en un gremio dominado por voces masculinas.

“El tamaño sí importa” es el título del libro de Fernanda Familiar, y por eso está protegido ante la ley. Además, no sólo se trata de un título, sino de la publicidad de la película homónima, que también la compañía demandada se apropió dolosamente.

En teoría, Instituto Nacional del Derecho de Autor se encarga de proteger el trabajo intelectual de los creadores en México. Pero en la práctica, es un “elefante blanco”, que sólo cumple con registrar las obras. De hecho, el pago que se realiza no tiene otra finalidad, ya que el Director de Registro, Jesús Parets Gómez, ha actuado de manera arbitraria e ilegal, negando inscripciones a una sociedad que protege a los realizadores de cine.

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El INDAUTOR no ofrece apoyo legal y tampoco es capaz de detectar dos o más registros de una misma obra. ¿Entonces, qué finalidad tiene el registro, si cuando ocurren plagios o violaciones al Derecho de Autor, el instituto no hace nada para proteger a los creadores?

Cuando inició la inconformidad de Fernanda Familiar por la película de Cyclus Producciones, tanto el Lic. Cuauhtémoc Hugo Contreras Lamadrid, Director General del INDAUTOR, como Marco Antonio Morales Montes, responsable de la Dirección Jurídica del mismo instituto, fueron incapaces de ofrecer una solución, o por lo menos alguna orientación adecuada.

En 2016, artesanos hidalguenses demandaron a Nestlé México por utilizar sus dibujos en una colección de tazas, que habían registrado en el INDAUTOR, dos años antes. Sin embargo, el instituto cometió omisión, al no entregar las pruebas para la defensa de los artesanos. Algo similar ocurrió con la apropiación cultural que cometió la casa de modas Carolina Herrera y en la que el instituto no intervino.

El caso de Fernanda Familiar establece un precedente jurídico. Por primera vez en la historia del Derecho de Autor en México, un juez condena a la indemnización por daños punitivos. Es decir, va más allá de la compensación por daños y perjuicios. Se trata una sanción que pretende ser ejemplar y que, a partir de este veredicto, podría disuadir a quienes intenten cometer el mismo ilícito.

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El C. Juez Maestro Alejandro Rivera Rodríguez, titular del Juzgado Trigésimo Sexto de lo Civil del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, merece un profundo reconocimiento de la comunidad artística, por ser el primero en defender verdaderamente los derechos autorales de los creadores.

La defensa legal de la periodista ha estado a cargo del reconocido autoralista, el abogado Juan Ramón Obón, y su equipo de especialistas en derecho autoral y civil, donde han destacado, entre otros, los Lics. Juan Pablo Salas y Ramon Obón García.

La batalla de Fernanda Familiar representa un logro personal para la autora de “El tamaño sí importa”, pero tiene una trascendencia invaluable para los autores que han experimentado la violación de sus Derechos de Autor, sin que nadie haga algo al respecto.

Frente a este panorama, y tomando como ejemplo los diversos señalamientos contra el INDAUTOR, valdría la pena que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador considere la pertinencia de mantener un instituto sin utilidad ni sentido práctico. O bien, asignar en su dirección a una persona honesta, profesional, capaz y comprometida con la protección de los autores.

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