Todo comenzó el 15 de julio en la ciudad de Nueva York, cuando el hospital St. Barnabas recibió a un hombre inconsciente que parecía haber sufrido una sobredosis. Llevaba consigo una tarjeta de la Seguridad Social que le identificaba como Freddy Clarence Williams, de 40 años, según los documentos judiciales consultados por el diario New York Post.

El hospital se puso entonces en contacto con Shirell Powell para decirle que su hermano estaba al borde de la muerte. La mujer, que tiene un hermano de 40 años que se llama Frederick Williams, se apresuró a acudir al hospital.

“Tenía tubos en su boca, y un collarín”, narró al citado diario, “estaba un poco hinchado”, pero “se parecía mucho a mi hermano”. El hombre “no había hablado desde que fue internado en el hospital”, añadió la mujer, así que “simplemente asumieron que era mi hermano”.

Tras dos días de pruebas médicas, un doctor le dijo que el paciente había sufrido muerte cerebral. “Es mi hermano pequeño”, explicó la mujer, de 48 años, “era realmente doloroso”.

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“Estaba preocupada, herida, llorando, gritando, llamando a todo el mundo (…) era una sensación horrible”, añadió.

Sin esperanza de que se recuperase ya, Powell llamó a familiares para que se despidieran de él. Una de sus hermanas entró en la habitación y dijo, “¡Este no es mi hermano!”, pero luego se acercó y dijo, “Oh, ok”, según cuenta Powell.

El 29 de julio, Powell autorizó al hospital para que le retiraran el soporte vital, según los documentos judiciales.

“Fue muy devastador, estaba llorando”, dijo.

Tras la muerte, la autopsia confirmó que el muerto no era su hermano. La Oficina del Forense le llamó “justo a tiempo”, cuando preparaban el funeral: “Habríamos enterrado a otra persona”.

El hermano de Powell resultó estar en la cárcel por un asalto en Manhattan el 1 de julio, según el diario. La mujer fue a verlo cuando compareció ante la corte unas semanas después: “Vi a mi hermano”, contó, “no lo podía creer, estaba tan aliviada”.

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Pudo llamarle a la prisión de Rikers Island: “Él decía, ‘¿me ibas a matar?’; yo le expliqué que una vez muere tu cerebro, no hay nada que hacer”. El hombre perdonó ya a su hermana: “Los doctores le dijeron que no había nada que hacer”, contó al diario, “no estoy enfadado”.

Pero la familia sí sigue enojada con el hospital por su error, y lo ha demandado ante la corte. Su abogado asegura que se han negado a darles información sobre la persona que murió, y a la que Powell veló junto a la cama durante nueve días.

“Por un lado, doy gracias porque no fuera [mi hermano]”, explica, “pero por otro lado, maté a alguien que era un padre o un hermano”.

Con información de Telemundo

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