Tras un extenuante viaje desde Honduras, más de 2.000 centroamericanos llegaron este jueves en su caravana migrante a Tijuana, donde acampan junto a la frontera con Estados Unidos en desafío a los miles de soldados desplegados por el presidente Donald Trump.

Primero a cuentagotas y luego en grandes grupos, los migrantes -principalmente hondureños pero también de otros países latinoamericanos- fueron llegando a Tijuana desde el fin de semana pasado. Y en la madrugada de este jueves, arribaron de golpe más de 800 que viajaron en buses desde el vecino estado de Sonora.

«Esto ha sido un viaje eterno pero Dios nos trajo con bien hasta acá», dijo a la AFP Carmen Soto, una hondureña que viaja con sus dos pequeños hijos.

Tiritando de frío y sin haber probado un bocado en 24 horas, esta familia llegó a Tijuana tras viajar toda la noche a través de la carretera que cruza el desierto del noroeste de México. Desde este camino pudieron divisar la frontera con Estados Unidos, un muro metálico que serpentea las montañas color arena.

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«Parece una culebra que no termina», dijo un guatemalteco que pidió el anonimato.

No todos los autobuses llegaron hasta el centro de Tijuana, por lo que cientos de migrantes tuvieron que terminar el trayecto a pie, formando ríos de gente que inundaban las autopistas y calles.

«¡Que se vayan, no los queremos!»

Los residentes han recibido a los centroamericanos con gritos, empujones y piedras, y todavía falta la llegada del grueso de la caravana.

Los resistentes de las playas de Tijuana, Baja California, se enfrentaron verbalmente con los indocumentados, a quienes les pidieron que se fueran del sitio y regresaran a sus países de origen.

Con información de AFP

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