En palabras del artista: “Cuando un autor ha concluido una obra, se desprende de ella para dejarla dialogar en libertad con cada espectador, ahí es donde la pieza se consuma y prueba su autenticidad como arte, si acaso lo es, quien otorga la mirada descubrirá en la imagen algo de íntimo de sí, un sentimiento, una idea o una emoción familiar, pero expresada de un modo inesperado.

En la relación de cada ser con su entorno hay un egocentrismo inevitable y vital, cuando cada objeto y cada evento cobra sentido por su relevancia con respecto al yo interno de cada ente, como quedará demostrado en estas piezas donde las cosas se vuelven sujetos de reflexión reveladora de los arcanos presentes en la conciencia; un Atlas sostiene al mundo desde su interior, un manojo de números como artilugio de los dígitos, un personaje con ínfulas de alquimia sosteniendo el presente; perspectivas hacia el interior para revelar el ámbito exterior, donde la figura sirve de fondo y el espacio circundante, figura, como espacios al interior del motivo.

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En intimidad de este trabajo cada uno captará un mensaje supuestamente atribuido al propósito del artista, cuando realmente se trata de un reflejo, es decir, un encuentro del observador con su propia fantasía; una lectura ajena puede ser totalmente disímbola de la supuesta intención del pintor y cabalmente válida, incluso más genuina, porque en más de una ocasión el subconsciente de quien pinta se manifiesta de manera involuntaria revelándose por medio de todo tipo interpretaciones, demostrando, además, la diversidad de lecturas descubriendo sus propias mentalidades.

Aunque las obras de posean materia y sean tangibles, lo que les da una categoría de artística es la idea, y si logra un impacto, la imagen se plasma en la memoria y ahí permanece tan vívida y visual como los recuerdos más selectos de la mente; por eso el sustento artístico es inmaterial, es una experiencia personal, trasciende al tiempo, es tan efímera e ilusoria como el brillo de un espejo; se podrá tocar el lienzo y percibirlo tan plano como es, sin embargo la configuración de los colores desdobla la superficie y la vuelve espacio, forma, escenario, atmósfera y todo cuanto sea posible representar, pues la pintura es un sistema de representación, al igual que la palabra y los números por eso sus posibilidades son tan limitadas o ilimitadas como el propio Universo.

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La idea de esta muestra, es atraer la visión de otros, invitarlos a estas habitaciones privadas de la ilusión para que, quien reflexione a través del arte se conozca mejor así mismo.”

Esta increíble muestra puedes visitarla de lunes a viernes de 10 a 19 hrs y sábados de 11 a 15 hrs en Galería Oscar Román, ubicada en Julio Verne no. 14, Polanco.

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