(Renae Cuéllar, delantera del Club Tijuana Femenil)

Por: Paola López Yrigoyen

El 18 de noviembre el comité de accionistas de la FIFA votó de manera unánime una serie de protecciones reglamentarias y contractuales necesarias para el futbol femenil, las cuales, si bien aún no entran en vigor, se espera sean aprobadas para su implementación por el Consejo de FIFA en diciembre de este año.

Estas protecciones tienen básicamente que ver con temas de maternidad y garantías laborales para entrenadorxs. En temas de maternidad, en concordancia con la convención no. 183 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se define y permite que las jugadoras sean baja por maternidad en un periodo mínimo de 14 semanas, con un goce de al menos 2/3 de su salario. Por su parte, los clubes podrían registrar jugadoras para suplir las bajas por maternidad y realizar estas bajas fuera del periodo ordinario de registro sin penalizaciones. 

De igual forma, se contempla el cuidado y vuelta a las canchas de jugadoras que se embaracen al obligar a los clubes a proveer el apoyo médico y la infraestructura necesaria durante el embarazo y después del parto. Esto incluye desde el permiso y las facilidades para dar pecho a sus bebés, hasta el esbozo de planes laborales alternativos para que las jugadoras puedan contribuir con los objetivos del club cuando no lo puedan hacer con rendimiento físico-deportivo per se. Finalmente, la terminación unilateral del contrato de una jugadora con base en su embarazo será considerada como un despido injustificado sujeto a sanciones y multas. 



Respecto a las garantías laborales de entrenadorxs, honestamente, es irrisorio comprender que carecen de: contratos claros en términos derechos, obligaciones, remuneración y periodos de duración; cláusulas respecto a la rescisión o terminación unilateral de sus contratos, garantías de pago, o de protección de tribunales de apelación de la FIFA en caso de incumplimientos contractuales por parte de clubes o federaciones. Porque si eso es lo que se propone, literal es porque no son prácticas laborales normalizadas. Las preguntas son: ¿cómo los requisitos básicos de un contrato no son una práctica normalizada con una de las figuras más importantes para el futbol después de lxs jugadorxs? ¿Considerando aparte que es el deporte más popular en el mundo? Si esto es un problema a nivel FIFA porque se da en los países de primer mundo, ¿qué esperar de las condiciones laborales en países como México en donde se habla de dobles contratos?   

Por otro lado, si bien es un gran avance que se considere poner sobre la mesa estas mejoras tanto para jugadoras como entrenadorxs, es importante comprender que una cosa es la legislación o redacción de disposiciones y reglamentos, y otra es su implementación. Aparte, una cosa es el contexto alrededor de la legislación de FIFA, y otra es el contexto alrededor del futbol tanto varonil como femenil al interior de los países. En el sector público, aparte de que importar políticas públicas de primer mundo no es precisamente la mejor solución, su implementación por más ideal que sea cambia radicalmente debido a que los entornos y problemáticas entre distintos países son muy distintas. De forma muy coloquial, del dicho –de FIFA— al hecho hay un largo trecho, más para países como México. 

De entrada, es sabido que muchas jugadoras de la Liga MX Femenil ni siquiera cuentan con copias de sus contratos. Igual, si no todos los equipos desean incurrir en gastos básicos de logística como transporte por avión, incurrir en gastos relacionados con maternidad incluiría: acondicionamiento de vestidores con áreas de cambio de bebés, o donde se pudiera dar pecho, la inclusión de servicios básicos de ginecología, quizá alguna facilidad de tipo guardería, o salarios mayores para que las jugadoras pudieran financiar estos servicios fuera de los clubes, entre otras cosas. Es decir, no son enchiladas. Menos después de los estragos económicos que ha dejado la pandemia de COVID-19.

Por otro lado, para gastar hay que saber hacerlo o mínimo, entender o conocer qué implica un embarazo en el deporte. Se puede no contar con el dinero para acondicionar vestidores, pero médica y deportivamente, lxs doctorxs y el cuerpo técnico tendrían que saber abordar y acompañar embarazos en un deporte y en un país en los que ni siquiera se han normalizado pláticas inherentemente femeninas. Si no se puede hablar siquiera con los clubes o patrocinadorxs del problema que es jugar con shorts blancos en tus días, no podemos pedir estructurar entrenamientos ni prevenir lesiones con base en ciclos menstruales. 


También, los lineamientos de FIFA asumen que los embarazos de las jugadoras son deseados. En un país como México, con un promedio de 10 feminicidios diarios, no se puede obviar la violencia de género en forma de acoso y agresiones sexuales. En general, esos temas no se tocan, no se hablan. No hay protocolos de acción y protección de jugadoras y trabajadoras ante acoso sexual. Esto, en el peor de los casos también implicaría hablar de posibles abortos y su legalización. Al final, ni siquiera tiene que haber agresión sexual para hablar de abortos, pero sí sería importante conocer las causas detrás de los abortos, tanto en México como en deportistas. Causas que van desde presión social y deportiva hasta dopaje.  De igual forma, creo que como sociedad tampoco entendemos la dificultad que entraña para una mujer hablar de su aborto. 

En fin, repito, estas son reflexiones al aire y a bote pronto. Como no soy una feminista experta, seguro hay cosas que no abordé, o que abordé inadecuadamente. Sin embargo, creo que es necesario empezar a hablar de esto. Creo que las propuestas de la FIFA son un gran avance porque ponen el tema sobre la mesa, y establecen una meta de llegada. Ojalá y esto permita en México empezar a trabajar en las rutas para llegar y hacer esas disposiciones una realidad y no sólo una lista de buenos deseos. Toda la gente involucrada en el futbol femenil quiere que este crezca, mejore, y se consolide. Por ello, sólo quiero aprovechar este espacio para empezar una discusión que no pretende criticar, sino entender en dónde estamos paradxs, y poder comenzar a plantear y desarrollar soluciones viables. 

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