Por: Paola López Yrigoyen

La jueza Vanessa Baraitser rechazó la extradición de Julian Assange, fundador de Wikileaks, a Estados Unidos (EU). Dicha base de datos, que acumula cerca de 1.2 millones de documentos, entre informes anónimos y documentos filtrados con contenido muy sensible en materia de interés público, desvela comportamientos no ortodoxos –por no decir poco éticos– de varios Estados-naciones desde 2006, cuando se lanzó. 

Sin embargo, el Estado más afectado ha sido EU. Más allá de entender la retórica (muy cuestionable) detrás de la actividad exterior norteamericana, esa que siempre ha buscado mostrarlo como “el Estado liberador de lxs oprimidxs por gobiernos tiránicos” y “el Estado supremo garante de la democracia en el mundo”, y que por ende, no sólo puede, sino que tiene el derecho a llevar a cabo todo tipo de intromisiones e invasiones en nombre de la democracia, Wikileaks comenzó a desnudar la endeble cimentación de esa guerra. 

Desnudó la fragilidad de “la mejor democracia” del mundo. Una cosa es “desarmar una célula terrorista que dañó al pueblo estadunidense,” pero otra cosa es tirotear a reporterxs de Reuters y esconderlo reiteradamente, asesinar y torturar civiles, caer en fuego amigo, o espiar a tu propia población. Que no nos sorprenda la irrupción en el Capitolio de ayer por parte de gente pro Trump, después de que el conteo de las elecciones para el Senado revelara el buen paso del partido demócrata.

Esto es sólo el tiro de gracia en el derrumbe de la ficción llamada “democracia estadunidense”, un desmoronamiento que después de ver la invasión de Iraq (más allá de CNN, y gracias a Wikileaks), la deportación masiva de inmigrantes, el arribo de Trump a la presidencia gracias a la intromisión rusa, y su ejercicio como presidente, era más que evidente. Era una ficción incapaz de basarse en una realidad y de crear una realidad.

La finalidad del voto ciudadano es elegir a sus funcionarixs para salvaguardar los derechos humanos e integridad de todxs. Una democracia en la que lxs ciudadanxs votan por funcionarixs que atropellan los derechos humanos y no respetan dicho voto popular, no suena a democracia. 

En esta alucinación y paradoja estadunidense en la que EU podría invadirse a sí mismo para protegerse de la tiranía de sí mismo, también van a buscar una apelación al rechazo de extradición de Julian Assange, quien enfrenta una acusación de 18 delitos por incumplir la ley de espionaje y la ley de fraude y abuso informático estadunidenses. En este contexto, AMLO se pronunció por el perdón y el indulto a este hacker periodista, y le ofreció asilo político.

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Independientemente de que la mayoría de expertxs en relaciones internacionales se preocupen más por perder puntos diplomáticos que por ganar puntos genuinamente democráticos, el ofrecimiento de asilo a Assange por parte de AMLO, más allá de que lo celebro, también se da en un contexto de desconexión entre la realidad y la ideología democrática mexicana.

Por un lado, México tiene una noble e histórica tradición de asilo, con la que se ha albergado a perseguidxs políticxs como Trotsky, activistas chilenxs seguidores de Allende, y a Evo Morales. Por el otro, México no reconoce del todo a lxs migrantes centroamericanxs como refugiadxs capaces de transitar, asentarse, o pedir asilo por sentir que sus vidas, seguridad o libertad peligran en su país de origen. México ofrece asilo a Julian Assange (acusado por espiar al espía), al tiempo que es uno de países mayores importadores de equipo de cyber vigilancia y spyware, armas de inteligencia utilizadas para espiar, perseguir, amenazar, y violentar periodistas y activistas. 

Sin afán de caer en politiquerías de precampaña, algunas precisiones: la tradición espía es previa al arribo de AMLO y Morena como la principal fuerza política y partidista, por lo que no es una costumbre de este sexenio. Es una mala práctica que lo antecede, y aunque no es claro que se haya dejado de hacer uso de spywares como Pegasus de la compañía israelí NSO, o como RCS de la compañía italiana Hacking Team; los reportes de infiltración estatal en teléfonos de periodistas, activistas, abogadxs, funcionarios públicxs, y oposición datan principalmente del periodo 2012-2017.

En total y de acuerdo a Citizen Lab hay 26 reportes de infiltraciones a celulares a través de links de Pegasus. Estas infiltraciones se dieron en celulares de gente que aún no ha muerto, por lo que es una subestimación; 10 de estas personas infiltradas y espiadas fueron a periodistas:

  • Carmen Aristegui
  • Rafael Cabrera
  • Sebastián Barragán
  • Jorge Carrasco
  • Carlos Loret de Mola
  • Ismael Bojórquez
  • Griselda Triana
  • Andrés Villarreal
  • Daniel Lizárraga
  • Salvador Camarena
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Uno ni la debía ni la temía: el hijo de Carmen Aristegui, cinco fueron abogadxs involucradxs en el asesinato de la Narvarte o del Centro Miguel Agustín Pro Juárez, tres funcionarios públicos, y tres políticos panistas: Anaya, Gil Zuarth y Fernando Rodríguez Doval. Además, tres activistas: Juan Pardinas y Alexandra Zapata de IMCO, y Claudio X González de MCCI.

Finalmente, el grupo interdisciplinario del GIEI también fue rastreado y monitoreado por Pegasus. Además, hubieron 80 intento de infiltraciones entre 2015 y 2016, y México es el país con el número más alto de abusos de software documentados.

De acuerdo con los reportes, 20 compañías le han vendido software espía a oficinas federales, departamentos policiales y oficinas de dudosa procedencia en México. Tomás Zerón, quien fuera el director de la Agencia de Investigación Criminal y se viera involucrado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, fue uno de los compradores finales de Pegasus y RCS. Hoy está prófugo y refugiado de la justicia en Israel. Los beneficios de ser un buen cliente. 

Por un lado, Tomás Zerón usa el aparato Estatal para espiar y desaparecer estudiantes primero, luego para obstaculizar la investigación que lo incriminaría, y camina impune en Israel. Por el otro, Assange es acusado de 18 delitos y lleva peleando con la justicia estadunidense, británica, sueca y ecuatoriana desde 2012, por revelar cómo varios gobiernos atropellan los derechos humanos. Por revelar prácticas como las de Zerón es que Assange es un perseguido político, pero paradójicamente, el mismo país podría ser la salvación de ambos.

Zerón es un protegido por la impunidad y corrupción Estatal, la realidad de nuestra democracia. Assange podría ser protegido por la ficción de nuestra democracia y solidaridad con aquellxs que buscan salvaguardar los derechos humanos y la transparencia como bases de un régimen democrático. Ojalá esta última ficción sí se haga realidad en México.

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