Por: Paola López Yrigoyen

Las primeras veces, con cliché y sin albur, son especiales. Arrojarse a lo desconocido nos asusta, pero ese arrojo nos transforma para siempre. Marcar un antes y un después, empodera. Por ello, marcando mi antes, quiero aprovechar para explicar(me). No es imposible compaginar gustos y anhelos diferentes. Mi caso: soy futbolista profesional y profesionista. No soy fan del “echeleganismo” porque nuestras circunstancias sí trazan un camino aunque eventualmente lo modifiquemos y hagamos nuestro. Mi caso: siempre he querido llegar a línea de fondo. 

Jugando, llegar a línea de fondo no es meter gol. Pero haciéndolo, aparte de poder anotar, el gol cobra valor: es contundente, vertical, y colectivo. Contundente porque usualmente viene de una diagonal “matona” que sin importar cuántos defensas haya, la o el rematador queda frente al marco. Vertical, porque dicha diagonal implica superar posicionalmente al rival. “Ganar la espalda” permite ocupar zonas peligrosas por adelantadas, profundas, y cercanas a la portería. Colectivo porque a pesar de poder llegar a línea de fondo con talento individual, lo más efectivo es a través del “futbol total”. Esa escuela en la que lxs jugadorxs avanzan dinámicamente, alterando su estructura con movimientos e intercambio de posiciones con el fin de desordenar al equipo rival y encontrar espacios en zonas próximas al marco. Es decir, se llega a línea de fondo con la cooperación del 11 completo.

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Viviendo, pasa lo mismo: llegar al fondo de las cosas no suma automáticamente, porque en el camino descubrimos que quizá ni existe, siempre puede haber más. Pero, ¿cómo saberlo si ni siquiera intentamos llegar? De hecho, creo que en eso consiste la vida, en un eterno buscar llegar al fondo de nuestras capacidades (las que sean): amar, pensar, trabajar, jugar, qué se yo. No tanto porque llegar al fondo importe en sí, sino porque concebir que existe y se puede llegar al fondo, le da valor a la travesía. Buscando el fondo encontramos aquello que nos llena.  

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Entonces, marcando el después, esta columna pretende buscar la línea de fondo. Si bien es incierto el punto final, la forma de llegar es clara: a través de ideas valiosas en sí mismas, “matonas” por sólidas y difíciles de contrarrestar, pero siempre perfectibles. Verticales tal que hagan a más de unx correr hacia su portería y cuestionar qué es lo que defiende. Y colectivas porque son ideas emanadas de una incesante convivencia social, y tienen el objetivo de impactarnos como sociedad.   

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