A continuación les dejo un artículo del psicoterapeuta de Iskalti Miguel Ángel de León ([email protected]), quien atinadamente nos escribió un escrito que da cuenta del deterioro social que hemos estado sufriendo en nuestro país. Leamos:

Daniel Samper Pizano escribe un gracioso y agudo ensayo sobre lo que era y es el padre y su autoridad.

Con astucia, lanza una crítica que desemboca en una profunda reflexión acerca del padre, que dejó de serlo para convertirse en papi.

Aquí citamos dicho ensayo:

Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como  un verdadero dictamen de Dios. Imperaban normas estrictas de educación: nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes:¡ por algo era el padre ¡ La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema.

Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser él y se convirtió en el papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Además, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre, A diferencia del padre, el papá era tolerante.

Permitía al hijo que fumara en su presencia en vez de tumbarle los dientes con una trompada, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y reuniones para beber, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: “Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién-sabe-dónde”, El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaban a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá solos en la mesa. Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba, y, además se le podía pedir un consejo o también dinero prestado.

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Y entonces… vino papi. Papi es un invento de los últimos veinte o treinta años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, al que ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. “¡Papi, me llevo el coche, dame para la gasolina!”. Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: “¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan…!”.

No sé qué  seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo. Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papa y papi de mis hijos, mis nietas han empezado a llamarme “pa”… !!!  Creo que quieren  decir”  ¡¡¡¿¿PA´ QUÉ SIRVES??!!!”.

Esta ágil y aguda sátira entraña una situación que debería preocuparnos y ocuparnos de manera urgente como sociedad, pues devela lo que representa la autoridad para las nuevas            generaciones. Situaciones como la ocurrida recientemente en un partido de futbol es el pináculo de lo que este ensayo revela: en el llamado “clásico tapatío”, varios grupos de jóvenes agredieron con saña a la autoridad policiaca del estadio.

Por definición, “autoridad” es un poder que alguien obtiene porque es confiable, respetable, admirable y, diría yo, incluso amable (susceptible de ser amado por sus virtudes). Es obvio que los muchachos citados no veían una autoridad en esos uniformados        ; veían al enemigo, Veían    a alguien a quien odiar con todo su ser, no a la persona que sangraba, no de quien corría peligro su vida; veían a alguien que querían destruir, ¿Por qué? ¿Por qué esa saña? ¿Por qué ese deseo de dañar así?

Tratando de hacer un análisis práctico y breve, la respuesta se centra en lo siguiente:

  1. Somos una sociedad que no cree en la autoridad porque, durante generaciones, no hemos conocido una.
  2. Hoy, el que ejerce un cargo de autoridad visible, está enfermo de poder, y hemos aprendido  que quien tiene poder lo debe usar para beneficio personal.

Los niños sicarios lo dicen muy bien: “Preferible vivir cinco años como rey, que cincuenta como güey”. Las autodefensas michoacanas son una respuesta al vacío de autoridad:” Desde hace doce años aproximadamente – dice el doctor Mireles, los diferentes cárteles de la delincuencia organizada se han disputado esta región. Empezaron a pedir cuotas, derecho de piso, permiso por vivir a toda la gente del pueblo… Ninguna autoridad  pudo cumplir con su función porque todas eran parte de estos cárteles o estaban en la nómina de estos cárteles”. Después de narrar cómo tomaron las armas, afirma: “¡Limpiamos toda nuestra comunidad en tres semanas!”.

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Enterarse de esta clase de situaciones nos hace abrir los ojos y ver que el cambio que tanto esperamos no va a provenir de “nuestras autoridades”. Este cambio sólo provendrá de familias informadas y educadas, a lo largo de varias generaciones. Son muchas cosas que se deben hacer, pero una primordial es trabajar en la imagen que, como padres y primeros representantes de la autoridad, estamos construyendo en nuestros hijos

El pilar fundamental para el cambio es la confianza. Padres y adultos estamos obligados a trabajar para los jóvenes, crean que pueden confiar en la autoridad. Es urgente que los padres aprendamos a llenar el saco de saber ser autoridad, porque esto propiciará que la sepan exigir. ¡Nosotros no lo hemos hecho!

Cuando verdaderamente confiamos en alguien, las cosas se hacen mucho más rápido y el costo que esto requiere para lograrse es mucho menor.  Así que….. ¡Súmate  a la nueva generación de padres!  No a los autoritarios, No a los permisivos, sino a aquellos que son conscientes de que para formar el carácter y una mentalidad saludables se requiere dedicar suficiente tiempo, propiciar  que busquen el conocimiento que les permitirá desarrollar las competencias necesarias para gestar hombres y mujeres con principios y valores universales.

ISKALTIPS

  • Acaba con la creencia que la autoridad de los padres de antes era mejor. Porque en muchos casos eran abusivos.
  • Identifica tu estilo de autoridad: ¿tiendes a ser permisivo? ¿Autoritario? ¿O logras ser balanceado? Comienza desde ahí para mejorar.
  • No olvides que autoridad viene del verbo latino augere, que significa “ayudar a crecer”.

Ser autoridad es diferente a tener poder.

Aprende a ser líder más que autoridad.

Referencias:

Samper Pizano, D (2009, julio 25). Padre, papá, papi  [comentario en un blog]. Recuperado de http://politicaydesarrollo-archivo.blogspotmx/2009/07/padre-papa-papi.html [consultado el 30 de septiembre de 2017]

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