Hablando de pérdidas y nuestros registros de memoria (huellas mnémicas)

Tuve la fortuna de compartir un valioso espacio de reflexión con la maestra Ma. Trinidad Razo Torres ([email protected]), quien también es miembro de Iskalti (centro de atención y educación psicológica), en torno a la pérdida de su madre hace poco tiempo. Ella, como buena psicoterapeuta,, ha buscado una explicación, desde la teoría psicoanalítica, para poder comprender su experiencia y la de tantos otros que, como ella, hemos perdido a alguien. Les dejo este análisis interesante y conmovedor:

Freud habló de las huellas mnémicas (léase como registros de memoria) en la carta 52 y el proyecto de psicología [(1950) – 1895], y a través de toda su obra nos da a conocer la formación del aparato psíquico o todo aquello que está dentro de nuestra mente: sensaciones, percepciones, recuerdos ligados a procesos emocionales que dan sentido a nuestras vivencias.

Así pues, los registros de memoria se van imprimiendo en la mente, a través de transcripciones (signos de percepción) que se van anudando en el día a día, almacenándose en la memoria y, según la intensidad con que se presenten, tendrán mayor o menor significado para la persona. Cabe mencionar que estas vivencias se dan siempre en la relación con el otro pues somos seres sociales.

Todos aquellos que conviven con el recién nacido imprimen en él su propia visión del mundo, es así que, cuando llega al mundo el nuevo ser vivo, comienza a iluminarse todo el sistema nervioso y psíquico dando sentido a cada nueva experiencia que se tenga, pues la percepción será su primer contacto con el mundo externo, para dar sentido al mundo interno que se desarrollará poco a poco, nombrando todo aquello que es desconocido, de esta manera él puede significar lo que ve, huele, toca, saborea, mezclado con los afectos que acompañaran estas vivencias.

Tratemos de imaginar esto como un gran álbum de vida, que está lleno de experiencias adquiridas por las cosas que nos suceden y nos damos cuenta (conciencia) y otras que van quedando resguardadas sin que podamos percibirlas del todo, es decir, en el inconsciente. Freud ejemplifica esto con las pizarras mágicas, en las cuales toda anotación hecha queda bajo la siguiente sin borrar la primera, sólo que en la superficie no es visible; sin embargo, toda esta información queda guardada y será utilizada en diferentes momentos, esto lo podemos representar en forma gráfica recordando la película de los directores Docter y Ronnie, Intensamente (Inside out, 2015), la cual muestra un lugar lleno de esferas almacenadas que van siendo utilizadas en forma de recuerdos y ocupadas para recordar eventos pasados e imaginar. Además, existía un lugar para los olvidos o fantasías creadas por la adolescente, específicamente donde se encontraba el elefante, esto con el fin de mostrarnos parte del inconciente.

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Habiendo hablado de todo lo anterior, me atrevo a compartir una experiencia personal; sin embargo, es un tema que pertenece a toda la especie humana por su representación: hablo del tema de la muerte y las pérdidas que son significadas por el hombre a diferencia de otras especies. Durante el año antepasado y el presente, me ha tocado vivenciar una serie de pérdidas importantísimas para mi álbum psíquico–genealógico. Entre dichas pérdidas, la más dura, la de mi querida madre, la cual dejó en mí un sinfín de registros de memoria, que han ido apareciendo e iluminándose aún en su ausencia, y así se han sucedido otras pérdidas, representando una serie de sensaciones dolorosas, las cuales en ocasiones me llevaban a mostrarme acongojada, enfurecida, deprimida y a experimentar otra serie de emociones y afectos. Por lo anterior, he de confesar, que me dio muchísimo trabajo poder comprender, tramitar este evento y representarlo de forma gráfica, para compartirlo con los demás. Cuando vi la película de Juan Antonio Bayona (Un monstruo viene a verme, 2016), contemplé el mejor ejemplo para mostrar que nos valemos de todos los medios para sostenernos ante las pérdidas de seres queridos. En este caso, el protagonista se vale de la fantasía y el arte. Es admirable cómo los personajes que rodean al protagonista contienen todo su enojo y dolor sin ejercer castigo, lo cual rompe con la culpa del menor, favoreciendo indudablemente el duelo, aunque este sería otro tema por analizar.

Sé que como yo, muchos han perdido a seres amados, que les han dejado una serie de emociones desatadas. Algunas personas me han dicho que sienten un gran hueco o vacío (escisión de los afectos y de los objetos), ante las pérdidas. Otros sienten que han dejado de ser ellos, para convertirse en la sombra del que se fue (melancolía); sin embargo, a mí me ha generado una serie imágenes que he deseado compartir. Al despedir a mi madre, abuela, abuelo tuve una serie de vivencias en recuerdos, imágenes y sensaciones, que me hicieron pensar en cómo estas personas amadas jamás se irán de mi vida y, aun cuando yo parta, mi hija y a quienes he cuidado llevarán estas mismas raíces, y así sucesivamente, emociones parecidas les acontecerán a muchos otros que han vivido la muerte de un ser querido. Lejos del romanticismo antes mencionado, también he de señalar que las experiencias negativas, recuerdos dolorosos, son puestos en juego y se hacen presentes, sin que se apruebe su arribo a la acción, al pensamiento, a la emoción, y nos hacen reaccionar de formas inesperadas o no pensadas, a esto le llamamos procesos inconcientes.

Propongo lo siguiente: al estar en el cementerio llorando la pérdida del ser querido con una vista llena de flores, lápidas, epitafios, etc., en la mente aparece una serie de recuerdos, que van siendo intercambiados entre ese ataúd y tu persona, entre el recuerdo de la persona que se va y tú, que te quedas, y puedes llorar o mantenerte en silencio. De pronto, algunas luces salen de aquel ataúd para ir hacia ti e iluminar (hablo de la energía psíquica puesta en los registros de memoria) ciertas partes de tu cuerpo, en especial aquellas que fueron compartidas (caricias, abrazos, lenguaje). La memoria a largo y corto plazo comienzan a funcionar. Un recuerdo ilumina parte de una imagen, que va acompañada de afectos, sensaciones. Todo eso se encuentra en nuestro registro mental y, si pones atención y dejas de centrarte sólo en que ya no verás más a esa persona, te puedes dar cuenta que ella en realidad vive dentro de ti, pues cada vez que pienses en ella, partes del registro de la memoria (huellas mnémicas) se irán iluminado, tienes acceso a esa persona y a tus recuerdos, que son puestos en juego entre el dolor y la realidad de todo aquello que se queda y a la vez se pierde (experiencias vividas guardadas en el aparato psíquico, puestas a través de la relación que tuviste con las personas con las que creciste, además de hacer constar que los procesos neurológicos van ligados a la vida psicológica y juntos conforman todas estas experiencias que producen la vida anímica). La idea es enfrentar la realidad de forma más creativa.

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Entonces, ante las inevitables pérdidas que se vivirán a lo largo de nuestra vida, podremos notar que todo aquello que llevamos en nuestro interior lo podemos recuperar, retomar, recordar y re-vivir, pues habla de nuestros seres queridos. A algunos esta postura puede parecerles un tipo de consuelo ante una gran falta; sin embargo, hablaríamos de gratitud y de amor. En lugar de repartir dolor, amargura y desconsuelo a quienes nos rodean, permitámonos transmitir buenas experiencias a quienes nos recordarán en el futuro, cuando ya no estemos, con el fin de crear nuevos álbumes llenos de recuerdos, que harán un legado colmado de experiencias que dejen huella. Aunque esto suceda inclusive sin tu aprobación conciente, es mejor dar cuenta y recrear algo valioso.

Es sólo una forma distinta de vivir un duelo y comprender un proceso tan intenso como lo es el de la muerte de un ser querido. Quizá, con esta información podríamos comprender por qué cuando una pérdida se vuelve intolerable y patológica, la persona queda bloqueada para reparar, hacer uso de sus recuerdos de forma constructiva, pues estos cobraron otro sentido y significado (en la mente) generando: dolor, destructividad, odio a sí misma y a los demás. Lo cual hace mucho más complejo superar la perdida.

 

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