Quien sin razón querría arrebatarme la existencia sin un motivo que suene verdadero y no locuaz a mi inteligencia, quién sin una lógica de eventos me querría privar de la tranquilidad y el buen vivir, cómo alguien puede tomar tu manera de vivir como una ofensa sin considerar el respeto que debemos a los derechos de los demás para ser y manifestarse, quien rompe la convivencia de acuerdos que hemos generado en la humanidad y nos mantiene aquí hoy, con la certeza de que siempre será así.

Hemos por milenios, estado viviendo un orden de acuerdos, de humanismo, de coincidencias y de convergencias. Nuestras creencias eran conciliables y respetables, nuestro aspecto tolerable, nuestra forma de ser inofensiva, y, aunque hubo momentos de ruptura en tres conflagraciones mundiales y otras tantas menores que cobraron miles y millones de vidas, lo pudimos arreglar, para seguir adelante.

La comunicación está abierta, los foros para las disputas ideológicas en la mesa cada día, las controversias se discuten, las tendencias se nivelan, los poderes se sopesan, los desequilibrios se balancean en acuerdos políticos y sociales que rebasan fronteras y expectativas imaginadas en el pasado. Vivimos la era de la comunicación casi inmediata, la recepción vertical de los eventos, la cruda realidad vista casi al momento, las propuestas antes de ser difundidas en las noticias, los nacimientos y las muertes son eventos casuales de la comunicación, sin embargo al parecer todo esto no ha sido suficiente para poder reconciliar al fundamentalismo que manifiesta una gran cantidad de población a la que sin saberlo somos hostiles, solo por existir fuera de sus creencias, nos aborrecen, nos detestan y nosotros ni siquiera estamos enterados, de quien puede decirse hermano, amigo, paisano, o ser humano como tú. El tiene la necesidad de rechazarte, de obligarte a desistir de tus creencias, de destruirte sin justificación, de terminar con tu existencia en una manifestación exagerada de las creencias en el  Yihad, pilar de la religión musulmana que considera a todos los que no son musulmanes como enemigos, a diferencia de la expresión espiritual que solo se limita a fomentar y preservar la religión musulmana.

Sobre que crece el resentimiento de los islamitas sobre los cristianos y judíos, ha sido un largo debate que generó disputas religiosas en el pasado y confrontaciones que redefinieron los cotos territoriales donde unos y otros se sienten soberanos e intocables por derecho divino, ya que todos recibieron instrucciones de Alá o de Dios sobre cómo debían de vivir y convivir, se sentaron las reglas de la futura convivencia en base a designios divinos directamente del mismo creador, lo que los hace incuestionables.

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El suicidio en los islamitas es un sacrificio que los lleva directamente a Alá que justifica el hecho que si además tiene la intención de asentar la soberanía del Islam sobre todo lo demás está Jihadísticamente  consagrado podríamos decir, son 100 millones de fundamentalistas que creen que suicidarse por causa de Alá en un acto sublime y perfecto para ganar la gloria divina.

El Corán Dice:

«Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!» Corán Surá 9. 5.

Esto escrito hace muchos años, de acuerdo al momento histórico, tomado por los fundamentalistas como dogma, no da opción más que al hecho de destruir al potencial enemigo. Desconocemos el origen de sus creencias, desconocemos su prospectiva respecto a nosotros, no sabemos qué piensan realmente y entre mas ignorantes nos mostremos más fácil seremos presa de la sorpresa a la que nos veremos enfrentados.

Se dice que los grupos como Al-Qaeda fueron promovidos y desarrollados por la milicia estadounidense con la finalidad de contrarrestar a Saddam Husein, luego  se unieron con el Yihad y se radicalizaron hasta dar origen al actual estado Islámico, también resultado de apoyos militares para derrocar gobiernos de la región como el Sirio y que actualmente se han revertido en contra de sus promotores convirtiéndose en un agresor potencial sin cara y sin lugar preestablecido, que asusta y masacra sin clemencia a los infieles (nosotros) solo por así merecerlo o por tan solo haber osado oponerse a los designios de Alá o vivir como vivimos en un desorden recalcitrante que no permite el arrepentimiento sino solo la muerte.

Víctimas como las del el metro en España,  en las Torres Gemelas en Estados Unidos y ahora los acontecimientos múltiples en París, alertan a la comunidad mundial sobre un enemigo, que pensábamos no teníamos pero que indudablemente toma fuerza con cada uno de sus actos y crece en odio y éxito cada día que nos asalta de manera inesperada, su principal arma es la sorpresa, ataca donde nadie lo espera, donde nadie sospecha, donde nadie piensa que les ha hecho nada, intentando doblegar la tranquilidad, el espíritu de convivencia, el orden social, la fuerza emocional y en ocasiones la vida misma.

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El mundo quiere crear un frente común, pero contra quien exactamente vamos a luchar, donde están, quienes son, cuántos son, porque nos acechan. Resulta complicado y hasta aterrador, pensar que tu mejor vecino puede ser tu peor enemigo y que se multiplica engendrado en odio para diseminar la fatalidad en  nuestras cotidianas vidas, desprovistas de malicia y de defensas.

Es necesario recapacitar ¿que ha desatado? a este apocalíptico enemigo y como lo vamos a contrarrestar, sin perder la vida en el intento y logrando apaciguarlo sin ser violentos, suena complicado pero tendrá que haber alguna forma.

Pensemos una vez más en la miseria de muchos de estos países musulmanes, el hambre, la discriminación, el abuso, el despojo de sus territorios y sus riquezas, el permisionismo de la comunidad mundial sobre cómo se reparten sus vidas, territorios y riquezas naturales. Ellos dicen que se defienden y que se protegen de abusos ancestrales, buscan someter al enemigo y demostrarle que no habrá impunidad, con esta respuesta violenta y cruel llamada terrorismo, donde pagan todos pecadores y justos.

Entonces que tan víctimas son y somos, reflexionemos sobre una posible solución, de quienes en breve estarán con plantas nucleares y armamento sofisticado para enfrentar la guerra de su vida avalada por el terror.

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Me apasiona poder ayudar a la gente a conservar su calidad de vida, con herramientas tan sencillas como el ejercicio y la nutrición adecuada.

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