¿Cuál fue la película más reciente que viste en el cine? ¿Recuerdas si en aquella ocasión compraste un refresco? Y en ese caso, seguro que para beberlo utilizaste un popote. ¿Sabes cuánto tiempo tardará en biodegradarse ese popote? ¡800 años!

Lo increíble es que se trata de un plástico que no supera las 2 horas de uso cuando ya terminó en la basura y que no puede reciclarse porque se fracciona en miles de pedazos en los tiraderos y es prácticamente imposible recolectarlos.

Para que un solo popote se convierta en polvo y regrese a su estado natural tienen que pasar entre 500 y 800 años. Esto cuando no termina en el mar y los peces lo confunden con alimento, causándoles un daño irremediable o hasta la muerte.

Tampoco olvidemos que el propileno con el que se fabrican los popotes es un material derivado del petróleo, un recurso natural que no es renovable y digamos que tiene un doble efecto contaminante, por el plástico en sí y por los procesos de la transformación del crudo en materia prima.

Si esto pasa con un popote, que aunque pequeño es posible tener control de su destino o evitar su uso, imagina lo que pasa con los detergentes, jabones y productos de limpieza en general.

En la mayoría de los casos, estos productos y sus componentes tampoco son biodegradables y de las coladeras terminan en los mares y mantos acuíferos, contaminando el agua y el medio ambiente por una cantidad de años que no imaginamos.

Pero vamos a entender qué significa esto de “biodegradable”…

Un producto es biodegradable cuando puede ser descompuesto por organismos biológicos -ya sean bacterias, hongos, algas, etc.- en un entorno favorable, es decir en condiciones de temperatura, humedad, luz y oxígeno.

El proceso de biodegradación da como resultado la simplificación química y bioquímica de las moléculas del producto, así como la mineralización de su carbono en forma de CO2.

En palabras simples, digamos que todas las cosas en el planeta tienen su tiempo contado, ya sea a corto o largo plazo, pero todo se degrada de una u otra forma. Una de esas maneras de descomposición es la biodegradación, que ocurre cuando algo es deshecho por organismos vivos, principalmente bacterias.

La capacidad que poseen algunos materiales para reintegrarse a la tierra por acción del medio ambiente es lo que se llama biodegradabilidad o ser biodegradable. Una cáscara de plátano se descompone y llega un momento en que esa materia descompuesta regresa a la tierra en forma de nutriente. Es el principio del abono que usamos para los jardines y la agricultura.

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La fracción de un producto que puede biodegradarse y la duración del proceso de descomposición determinan su grado de biodegradabilidad. Por ejemplo, un paquete de papel se degrada en unas semanas, pero un paquete de papel con plástico puede tardar años, aunque el plástico sea biodegradable. Precisamente en esto radica la importancia de la separación de la basura.

En el proceso de la biodegradabilidad el material orgánico puede ser degradado de forma aeróbica -es decir con oxígeno y al aire libre- y de forma anaeróbica -sin oxígeno y enterrado-. La intención, sea por el medio que sea, es que esto que consideramos basura se desintegre y regrese a la naturaleza.

Y cuidado, porque no todo es biodegradable. Esta cualidad de los materiales depende de su estructura física y química, por eso es que el vidrio no se biodegrada. En el caso del plástico y el aluminio de las latas se dice que tampoco lo son por el tiempo excesivo que se necesita para su biodegradación.

Afortunadamente, en la actualidad existen muchos productos que se fabrican con agentes biodegradables, como algunos detergentes. Pero aún está el uso excesivo de plástico y los insecticidas.

Entre las buenas noticias está la casi desaparición del uso de popotes en el estado de Michoacán desde el año pasado. Gracias a los afiliados a la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados, Michoacán es un ejemplo con el 98% de los negocios que dejaron de usar popotes.

Este mes se acaba de aprobar en el Congreso de Veracruz una iniciativa de ley que contempla la prohibición paulatina del uso de bolsas de plástico y de popotes en establecimientos comerciales del estado.

Si consideramos que en todo el mundo se consumen alrededor de 500 millones de popotes diariamente, estas iniciativas son un gran avance en la lucha para rescatar y preservar el medio ambiente.

Tanta es la preocupación en este tema, que ya hay popotes fabricados con semillas de aguacate, que se desintegran en un lapso de 240 días. Por cierto, ¿sabes cuántos años se tardan en degradarse los anillos de plástico que sujetan las latas de aluminio, generalmente de cerveza? Esas mismas que atrapan y asfixian a muchas especies marinas. ¡450 años!

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***

Con los datos de este periodismo de vida, te pregunto: ¿Sabes si los limpiadores y detergentes que utilizas son biodegradables? ¿Utilizas bolsas de tela o de plástico para las compras del súper? ¿Seguirás utilizando popotes después de escuchar este periodismo de vida?

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