A young woman is standing outside and is showing the palm of her hand

¿Sabes quiénes son esos niños que se suben a tu carro en los semáforos para limpiarte el parabrisas? ¿Sabes si los niños que te venden dulces en la calle tienen un hogar a dónde llegar?

Según cifras de la Unicef y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en México hay aproximadamente 3.6 millones de menores entre los 5 y 17 años de edad que trabajan. Este número se duplica para la región de América Latina y el Caribe.

Para estos niños la calle, la pobreza y la marginación son parte de su vida, pero también suele ser el sitio donde buscan su libertad, aun cuando esto implica varios riesgos que incrementan su vulnerabilidad como la violencia, las adicciones y la delincuencia.

Estudios de la UNAM demuestran que cuatro de cada diez niños en situación del calle caen en problemas de adicciones o delincuencia, mientras que su esperanza de vida es de 22 a 25 años por el daño físico y a la salud que se infringen.

En la calle los menores son enseñados a realizar actividades estacionales como el ambulantaje, trabajo en pequeños talleres y de tipo doméstico a domicilio. Esto da lugar a explotación y labores rudas que por su naturaleza pueden ser peligrosas o generar daños físicos y psicológicos para su desarrollo, incluyendo la prostitución.

Aunque por otro lado, los niños generan en la calle redes de apoyo, construyen pequeñas comunidades, principalmente en jardines o bajo los puentes. Mientras que los que no han roto con sus familias reúnen dinero para apoyarlas, pero siguen viviendo en la calle.

Uno de estos casos es el de Juan, que a los diez años de edad queda huérfano y su custodia se la otorgan a la hermana de su madre, quien después de tres años de insultos y golpes por fin consigue que Juan se vaya de la casa, pocos días antes de cumplir 14 años.

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Con una baja autoestima y la sensación de abandono, Juan llega a la calle para encontrarse con un nivel más grave de violencia, pero acostumbrado a ver que en su familia se golpeaban, para él no resulta del todo extraño y hasta considera que es algo normal.

Para su mala suerte, de la casa de su tía, Juan llega con un hombre que lo invita a quedarse con él. A los insultos y golpes, ahora se añade el abuso sexual, pues aquel hombre le dice que sólo sirve para eso. Y así, durante año y medio, hasta que Juan escapa nuevamente.

Una vez en la calle definitivamente, Juan se convenció de que para comer, bañarse y encontrar un lugar dónde dormir, tenía que prostituirse. A sus 15 años, Juan tenía clientes todas las noches. Con el paso de las semanas también empezó a consumir drogas.

El acceso a las drogas en la calle es muy fácil, pues están ahí todo el tiempo. La manera de tolerar tantas situaciones violentas y extremas es por medio de las drogas. Además, los niños son los más usados para realizar entregas de sustancias prohibidas y muchas veces les pagan con pequeñas dosis.

En el caso de Juan, las drogas también llegaron con la prostitución. Muchos clientes pagan extra a los menores que las consumen con ellos. Fue así como Juan prueba la piedra y la cocaína, aunque asegura que sólo por dinero. Lo que sí le gustaba era la mariguana, para soportar el hambre y el frío.

Lo cierto es que el 90% de los niños y jóvenes en situación de calle tienen algún tipo de adicción, ya sea alcohol, cigarro, mariguana o cocaína. También hay un fenómeno muy peculiar, pues al igual que muchos mexicanos que dejan sus estados natales para venir a la Ciudad de México, hay cientos de niños de la calle que llegan a la capital provenientes de Hidalgo, Morelos y el Estado de México.

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La Secretaría de Desarrollo Social señala que 3 de cada 4 menores que viven en la calle son hombres, y que de éstos el 80% tienen entre 13 y 17 años. Sin embargo, en algo que coinciden las distintas instituciones encargadas de ayudar a estos niños y adolescentes es que ninguna dependencia tiene datos exactos.

En el caso de las niñas, para ellas es mucho más difícil vivir en la calle. Se trata de un ambiente más hostil para mujeres porque están a merced de grupos delincuenciales que intentan vincularlas en tema de trata o explotación sexual.

Juan llegó por su cuenta a una fundación donde al inicio tuvo miedo, pues nadie le había brindado ayuda antes sin esperar algo a cambio. Pero el temor de regresar a la calle era mayor y poco a poco empezó a recuperarse.

A sus 17 años, Juan ya terminó la primaria, la secundaria y consiguió un empleo en una tienda de ropa. Uno de sus objetivos es regresar a la calle, pero para ayudar a otros niños y por eso quiere estudiar Servicio Social.

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Con los datos y la historia de Juan que te presenté en este periodismo de vida, te pregunto: ¿Te imaginas las historias que hay detrás de los niños de la calle que vemos a diario? ¿Más que darles dinero, te has detenido a darles algo de comer? ¿O eres de los que pasan y los ignora, como si no existieran?

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