No es nada extraño decir que la campaña “Yo Voto por la Paz” surgió desde una de las peores crisis que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) haya vivido en su ya muy larga historia.

El año de 1994 entregó una serie de eventos demoledores que estuvieron a punto de romper la hegemonía del partido oficial.

Luego de cinco años de gobierno en los que Carlos Salinas de Gortari parecía haberse convertido en el mejor presidente de la historia de México, el futuro pintaba de lo mejor: se había sobrevivido a una crisis transexenal más y, aunque el peso quedó aún más devaluado a principios de sexenio, este comenzó a adquirir fortaleza por primera vez en 20 años; el gobierno le “quitó” tres ceros nuestra moneda y, de repente, el dólar se ubicaba apenas a tres pesitos.

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La industria repuntaba y, gracias al Tratado de Libre Comercio de América del norte comenzamos a ver en las tiendas y en las calles productos que antes sólo llegaban de “fayuca”.

Luis Donaldo Colosio había sido señalado como el sucesor y aquel año pintaba para ser una especie de recorrido triunfal de Salinas de Gortari transformado en una especie de ente divino que había llevado al país de la quiebra y el caos a la estabilidad económica y el progreso.

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Muy pocos lo podrían confirmar, pero estoy seguro de que la noche del 31 de diciembre de 1993, Carlos Salinas de Gortari era el hombre que más confianza en el futuro jamás haya tenido en la historia de México.

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