La agencia de noticias AFP documentó las complicaciones que representa viajar con el presidente Andrés Manuel López Obrador en el mismo vuelo comercial.

Mientras para muchas personas resulta una grata experiencia encontrarse con un mandatario abierto a escuchar peticiones y tomarse fotografías sin distinción, para azafatas y personal de seguridad puede llegar a ser un dolor de cabeza.

“Es horrible que venga en mi vuelo. La gente no hace caso de las indicaciones, se para de sus asientos, incluso en turbulencias, y la prensa no entiende que sus cámaras se pueden convertir en proyectiles en caso de que el avión sufra un imprevisto. Espero que nunca viaje con mi familia”, narró la azafata Alejandra Martínez a la AFP.

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Y es que la llegada de López Obrador a cualquier aeropuerto del país representa un largo camino desde la entrada hasta la zona de abordaje.

“Claro, las fotos que quieras”, fue la respuesta de AMLO a una mujer que lo interceptó en la sala del avión que lo llevó a Sinaloa, la tierra del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Tal y como lo prometió en campaña, López Obrador se deshizo del millonario avión presidencial y el Estado Mayor Presidencial; por lo que en los aeropuertos debe pasar todos los filtros y puntos de control como cualquier otra persona.

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“Cuando tiene que atravesar todo el aeropuerto para abordar es lo peor… la gente se le abalanza. Si un día alguien quiere hacerle algo no podremos impedirlo porque no le gusta que lo custodiemos”, narró uno de los oficiales, quien prefirió guardar el anonimato.

El reportero de la AFP le señaló al presidente que se dirigía a una de las zonas más violentas del país, la tierra que vio nacer a “El Chapo”, por lo que le preguntó si, al menos, llevaba chaleco antibalas.

AMLO le respondió que traía mucha protección y le mostró los amuletos e imágenes que carga siempre consigo. “Traigo mucha protección. Ese es un ¡detente! Detente, el corazón de Jesús está conmigo”, señaló el mandatario.

Sin embargo, la crónica de la agencia también muestra la otra cara de la moneda, la de las personas que se siente afortunadas de coincidir con López Obrador en el mismo vuelo.

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“Yo en una ocasión pensé que esto iba a ser inseguro para todos los pasajeros, pero al contrario porque vigilan más el vuelo”, señaló Carmen Díaz, una ama de casa.

El fenómeno que genera AMLO en los aeropuertos se explica fácilmente, pues según cifras de consulta Mitofsky, el presidente ostenta una popularidad por arriba del 80 por ciento.

Mientras el mandatario siga con número similares, las azafatas y oficiales deberán seguir lidiando con miles de personas encantadas de viajar con el mandatario en el mismo vuelo.

Con información de AFP

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