De acuerdo con la Procuraduría de la Ciudad de México, los peritajes en balística determinaron que una bala perdida, calibre 9 milímetros, considerado de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, fue la que terminó cobrando la vida de Aideé, estudiante del CCH Oriente, el pasado lunes.

El disparo se habría realizado al menos a 300 metros de distancia del salón de clases, lo que concuerda con las declaraciones de los estudiantes y el profesor que se encontraban presentes, quienes señalaron escuchar una detonación suave.

De acuerdo los informes del Instituto de Ciencias Forenses (Incifo), citados por medios nacionales, el proyectil entró por la parte baja de la axila, atravesó el tórax y se alojó finalmente en el abdomen de la joven, hecho que le provocó una hemorragia interna.

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Los diez estudiantes y el profesor que fueron citados por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México concluyeron su declaración ayer por la madrugada. Todos coincidieron en que la estudiante comenzó a sentirse mal y a agarrarse el abdomen: “Me siento mal, me siento mal”, fueron sus últimas palabras antes de desvanecerse.

En otros testimonios recabados por los investigadores se menciona que en las inmediaciones del salón merodeaban por lo menos cuatro estudiantes vinculados con la venta de droga y que, de igual manera, desaparecieron minutos después del incidente.

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Sobre este incidente, la Dirección General del Colegio de Ciencias y humanidades reconoció que la inseguridad es un fenómeno que aqueja a la comunidad estudiantil.

A través de un documento, autoridades universitarias expusieron que la vulnerabilidad de los cinco planteles del CCH sólo se encuentra en los alrededores y no dentro de los propios planteles; razón por la que habría quedado rebasada la autoridad en los hechos de este lunes.

Con información de Excélsior

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