Desde la semana pasada colectivos feministas mantienen la toma del edificio sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en el Centro Histórico de Ciudad de México, como reclamo para acciones efectivas contra la violencia de género.

La toma fue realizada luego de que un par de mujeres acudieran a una reunión con la titular de la CNDH y se negaran a salir de la sala de juntas del organismo.

El miércoles 2 de septiembre, unas 15 personas llegaron a la sede de la CNDH, ubicada en República de Cuba 60, para la reunión con la ombudsperson, Rosario Piedra Ibarra. Ante la respuesta negativa, Marcela Alemán, madre de una niña víctima de abuso sexual, se amarró a una silla y se rehusó a dejar las instalaciones de la CNDH.

Más mujeres se sumaron a la protesta con pintas, colocado pancartas y barricadas. «De aquí no nos vamos a mover y van a seguir llegando más madres de toda la República. (…) ¡Hagan su maldito trabajo, fiscales y ministerios públicos! Y si no pueden, tengan tantita dignidad y renuncien», gritó Yesenia Zamudio, madre de María de Jesús Jaimes Zamudio, víctima de feminicidio en enero de 2016.

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Así, la mañana del sábado, la CNDH emitió un comunicado en el señaló que el día 2 de septiembre la ombudsperson Rosario Piedra Ibarra «atendió una petición de audiencia de 18 personas víctimas de diversas violaciones a derechos humanos, que permanecen en plantón en las instalaciones de la CEAV» y que se dialogó ampliamente con el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas.

«Nosotros no somos el enemigo a vencer. Somos sus aliados. Desde que asumió la presidencia Rosario Piedra Ibarra anunció que las puertas de la CNDH se abrían para todas y todos. Así ha sido, y así seguirá siendo», agrega el comunicado.

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Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador respondió, al ser cuestionado sobre las protestas, que se deben de atender sus demandas, pero a pregunta expresa, dijo que «no le gustó ver a Madero ultrajado».

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