En Hong Kong un jurado declaró a Rurik George Caton Jutting, un banquero inglés del Bank of America, culpable de torturar y asesinar a dos jóvenes indonesias de 23 y 26 años en su lujoso departamento en 2014. La sentencia a cadena perpetua puso fin a un caso que puso en relieve la desigualdad social, el clasismo y racismo.

«Acepto esto como un juicio justo y apropiado«, dijo el Sr. Jutting, de 31 años, en un comunicado que su abogado leyó después de que se anunciara el veredicto. «El mal que he infligido nunca puede ser remediado por mí en palabras o por acción». Sin embargo, se declaró culpable de un menor cargo de homicidio por motivos de «responsabilidad disminuida». Sus abogados dijeron en la corte que la demanda estaba basada en las luchas de su cliente con el narcisismo, el sadismo sexual y el abuso de sustancias.

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Un psiquiatra del gobierno rechazó ese argumento durante el juicio, diciendo que mientras la cocaína y el alcohol habían deteriorado el dominio de sí mismo del Sr. Jutting, todavía era responsable de los asesinatos.

El caso fue titulado en todo el mundo, en parte debido a la naturaleza grotesca de los asesinatos, pero también porque Hong Kong es considerada generalmente como una de las ciudades más seguras de Asia.

Las víctimas habían llegado a Hong Kong como empleadas domésticas. Se calcula que la ciudad cuenta con más de 300 mil trabajadores domésticos extranjeros, principalmente de Indonesia y Filipinas, sujetos a más restricciones legales que otros trabajadores expatriados, incluidos los banqueros. Diversos grupos sociales reclaman que los empleadores y el gobierno rutinariamente tratan a los trabajadores como ciudadanos de segunda clase y que son vulnerables al abuso.

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Este caso nos permite reflexionar que los tratos violentos derivados del elitismo y racismo que lamentablemente vemos a diario en nuestro país, son un mal que se expresa de forma alarmante aún en las ciudades más ricas del planeta.

Con información de New York Times

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