Los divorcios copan las historias matrimoniales. Cada vez más parejas acaba optando por separarse de aquella persona con la que juraron estar para siempre.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial recopilados por ‘Efe’, en el primer trimestre del año pasado los divorcios aumentaron un 4,8%. La mayoría de ellos se deben a situaciones de infidelidad. Los motivos son diversos y conocidos por todos: pérdida del interés, deseo de probar cosas nuevas, insatisfacción sexual, atracción por otra persona…

Las mujeres engañan a sus maridos por amor y la necesidad de salvar sus matrimonios. Así de tajante (y un tanto reduccionista o resabiada) es la teoría de un nuevo libro escrito por la prestigiosa investigadora Alicia Walker,profesora de la Universidad Estatal de Missouri, titulado ‘Las vidas secretas de las esposas infieles’. Para llevarlo a cabo, entrevistó a más de 50 mujeres de entre 24 y 65 años que habían sido infieles a sus parejas o maridos. Uf, ¡menuda muestra!

La decisión de «poner los cuernos» se tomó de forma calculada, «sus orgasmos estaban en juego». Walker descubrió que las mujeres que ponen los cuernos a su marido no lo hacen para poner fin a su relación matrimonial, sino porque simplemente están sexualmente insatisfechas y quieren sentir orgasmos de verdad con otras personas.

«Más de la mitad de las mujeres con las que hablé (26 de 50, para ser precisos), me dijeron: ‘Estoy en un matrimonio sin sexo o no tengo orgasmos, y esa es la razón principal que me llevó a ser infiel'», aseguró la profesora a ‘The Sun’.

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El interés de Walker por el tema nació a raíz de una publicación que reveló que las mujeres de más de 40 años eran las más propensas a acostarse con otra persona que no fuera su esposo o pareja sentimental. Sabiendo que la mayoría de ellas no tenían interés en encontrar un nuevo compañero a esta edad, Walker quiso descubrir por qué quienes afirmaban «amar a sus maridos», les estaban engañando con otro.

Walker descubrió que la decisión, lejos de ser espontánea o un hecho inconsciente, se tomaba por «verdadera necesidad». Otro de los absurdos y patéticos problemas del primer mundo. A propósito de esto, la profesora afirmó en ‘The New York Post’: «En general, sus decisiones se adoptaron de forma totalmente deliberada y calculada, sus orgamos estaban en juego, y realmente estaban engañando a sus maridos para seguir casadas con ellos. Me sorprendió muchísimo».

En lugar de ceder a los impulsos sexuales y encantos de otros hombres por mera diversión, la mayoría de las mujeres con las que Walker habló dijeron que buscaban relaciones sexuales fuera de sus matrimonios porque sus maridos no satisfacían «sus necesidades fisiológicas» y sentían que era «la única forma de salvar su unión conyugal». Algunas de ellas recurrieron a antiguos exnovios o amantes.

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Una de ellas, entrevistada en el estudio, señaló que tomó la decisión cuando se dio cuenta de que los cuidados de sus maridos no eran un buen reemplazo del sexo, mientras que otra esposa dijo que su marido le imploró «llorando y arrodillado» que no le dejara, con lo que no le quedó más remedio que ponerle los cuernos a escondidas. Otras, revelaron que buscaban sexo en casa ajena porque sus maridos no les podían dar «lo que el cuerpo les pedía» y no querían que «el resentimiento» arruinara sus matrimonios.

Sorprendentemente, muchas de las entrevistadas revelaron que el hecho de que sus necesidades de orgasmos fueran conocidas por sus maridos las hacía «mejores esposas y madres» y que su mayor preocupación fuera «proteger su matrimonio». Al escuchar hasta dónde fueron capaces de llegar, Walker menciona que muchas de ellas al cien por cien de que sus parejas sexuales no sintieran nada por ellas, que sus maridos no las descubrieran. La profesora calificó el fenómeno como «desgarrador». Cuánto dolor por cuatro revolcones.

Con información de Elconfidencial

 

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