En el cine existen las franquicias como sostén económico de los estudios, como motor para vender mercancía y como “premio financiero” para ciertos actores y actrices de renombre. Es justo decir que si uno de estos ejemplos abarca los tres puntos arriba mencionados y tiene más de quince años de vigencia, podemos hablar de una “marca” establecida con posible futuro a largo plazo.

La quinta entrega de ‘Piratas del Caribe’ es prueba de que se puede extraer nueva vida de fórmulas aparentemente estériles. En ‘Piratas del Caribe: La venganza de Salazar’ (‘Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales’, d. Joachim Rønning, Espen Sandberg) nos topamos nuevamente con un Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) caído en la miseria y en la desgracia, urdiendo planes ambiciosos para robar un banco en una espectacular secuencia donde el fruto final de sus esfuerzos queda reducido a un mísero doblón de oro, y sin embargo sabemos que esa mala fortuna está por cambiar.

El conflicto parte de la ominosa presencia del Capitán Salazar (Javier Bardem), un fantasmal y cruento asesino de los mares que tiene cuentas pendientes con Sparrow y con todos los piratas que se aventuran por las aguas del Caribe. La costumbre de Salazar es destrozar navíos rivales y dejar vivo a un solo miembro de la tripulación como emisario de su leyenda. Es en uno de esos encuentros donde se topa con Henry Turner (Brenton Thwaites), un joven estudioso de las leyendas marítimas en busca del elusivo Tridente de Poseidón, artefacto mitológico capaz de levantar la maldición que pesa sobre su padre Will Turner (Orlando Bloom).

Henry es comisionado por Salazar para encontrar a Sparrow, pero en sus pesquisas se topa con la voluntariosa y astuta Carina Smyth (Kaya Scodelario), mujer de ciencia, astrónoma y horóloga, quien posee un peculiar mapa con la clave para hallar el dichoso Tridente. El trío de Henry, Carina y Jack emprenden la travesía con Salazar siguiéndoles la pista por un lado, y la armada inglesa por el otro. Las cosas se complican todavía más con la aparición del Capitán Barbossa (Geoffrey Rush), eterno rival de Sparrow que parece estar involucrado en esta trama más allá de lo que notamos en primera instancia.

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Si esta dinámica de la joven pareja de aventureros aliándose con el pirata borracho e inestable mientras son perseguidos por otro pirata vengativo te suena familiar, es porque es básicamente la fórmula de la primer película de esta saga, ‘Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra’ (2003). Es curioso notar como algunas franquicias, después de un tiempo, terminan por regresar a las tramas que nos son familiares en busca de reafirmar nuestro interés en sus personajes e historias (‘Star Wars’ quizá es el ejemplo más patente de lo anterior). Sin embargo también es preciso señalar que ante la anticlimática entrega previa (‘Piratas del Caribe: Navegando aguas misteriosas’) era necesario encontrar una forma de revitalizar la saga con referencias a lo que la cimentó como un producto exitoso en primer lugar.

Es por ello que todos los “grandes éxitos” de la marca están aquí: las inverosímiles pero siempre entretenidas secuencias de acción, el villano carismático, el monito que acompaña a Barbossa y por quien Jack siente aversión, la bien ganada fama de Sparrow como mujeriego y borracho, los rescates audaces, la ineptitud de los soldados ingleses, las simpáticas tripulaciones piratas, los impresionantes duelos a cañonazos entre soberbias embarcaciones, los paradisiacos escenarios naturales… todo regresa, corregido y aumentado, incluyendo un “cameo” totalmente innecesario (pero obligadamente divertido) de una leyenda de la música. En fin, al público lo que pida.

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¿Es la quinta película un triunfo o un fracaso? Creo que depende a quién se le pregunte. La crítica de seguro será inclemente con el filme por volver a su fórmula probada. El público, por otro lado, tiene la última palabra al volver a pagar por ver a Johnny Depp divirtiéndose en la piel de Sparrow, quizá su creación histriónica más efectiva y memorable. Siendo justos la película cumple con ser entretenida, con mostrar algunos momentos espectaculares (la “isla de estrellas es uno de ellos”) y con mostrar una inusitada sensibilidad en las relaciones entre padres e hijos que la saga no había explorado con anterioridad. Hay que concederle este punto a la dupla directorial de Rønning y Sandberg, sin lugar a dudas.

En mi opinión, ‘Piratas del Caribe: La venganza de Salazar’ logra mantener la franquicia a flote sin necesariamente conducirla a un puerto seguro. Para aclarar la metáfora marítima: hace lo necesario para que no decaiga el interés por el mito de Sparrow y sus piratas, pero sin replantear el rumbo de su narrativa ni cambiar drásticamente de cuadro actoral. A menos que la taquilla resulte francamente adversa resulta poco probable que este sea el fin de la saga, pero convendría que Disney comenzar a explorar un futuro para la misma más allá de Johnny Depp. Mientras eso sucede, disfrutémosle en este rol: difícilmente encontraremos a otro pirata capaz de llenar sus botas.

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